Reunión de varios hermanos 1 – Enrique Javier del Pino León y Susana Rosas Díaz

Chorrillos, 27 de noviembre de 1986

(Perú)

[Continuación 2]

—Enrique del Pino: Soy Enrique del Pino León, en la hermandad, mayormente, en la de Lince… claro, que yo en estos momentos ya no estoy ahí, me conocían, o me conocen hasta ahora incluso, como el hermano Quique. Ahora, haciendo una remembranza, cuando conocí al Maestro, fui con un primo que también pertenece acá a la hermandad, en estos momentos no ha venido, el cual es el hermano Facho. En ese entonces, nosotros estábamos en la búsqueda de los platillos voladores y nos interesábamos por las cosas del cosmos, y un día salió en el periódico, en la Última Hora, como bien recuerdo, salía un aviso en el cual decía: Vidente roto [chileno] —así decía— Vidente roto afirma que platillos voladores existen. Y justo compramos el periódico, la Última Hora, y nos acercamos pues a la casa del hermano Antonio, y ahí era donde se encontraba el Maestro de maestros. Y llegamos con mi primo y nos recibió el hermano Antonio, le pasó la voz al hermanito y Él bajó, nos mostró los divinos rollos. Y en realidad… incluso cuando bajo el hermanito, agarró y nos dijo a nosotros: Ustedes son videntes. No, hermano —le dijimos— nosotros no. Somos estudiosos, más bien nos gusta investigar. ¡Ah, ya! Entonces nos mostró los rollos y estuvimos conversando con Él. Nos mostró todas las maravillas que contiene la Divina Revelación. Captamos, enseguida no, no bien como se dice. Usted sabe que cuando uno está influenciado por el materialismo siempre hay un rechazo. Pero después, poco a poco, conforme fuimos estudiando, ya nos fuimos dando cuenta que en verdad era el mensaje divino que venía para esta generación. Entonces comenzamos a tratarlo al hermanito y llegamos a la conclusión de que todo lo que Él nos decía era la pura y santa verdad. Después comenzó a hablarnos sobre nuestro modo de vestirnos, de que deberíamos tener el pelo corto, dejar la carne, o sea, la sencillez más que todo, dejar todo tipo de vicios y tratarnos de hermanos, ya no estar en eso de… cómo se puede decir, influenciados por el materialismo…

—Hermano: ¿En qué año lo llegó usted a conocer?

—Enrique del Pino: En el 77, ha sido en mayo, más o menos del 77.

—Hermano: ¿De buenas a primeras a usted le indicó de que deberían de vestirse bien y dejar de comer carne? ¿los primeros días, cuando ustedes lo conocieron?

—Enrique del Pino: Sí.

—Hermano: Ya, porque tengo entendido que a otros hermanos no les dijo nada.

—Enrique del Pino: No.

—Hermano: Por decir así, que, entonces Él veía, más o menos con quién hablaba, con uno más evolucionado, o de repente uno más involucionado. Porque usted me dice que de frente le decía no coma carne, pero en otros sitios creo que no lo decía.

—Enrique del Pino: Sí. Depende de los hermanos. Por ejemplo, a nosotros nos dijo de frente. Incluso yo fumaba, paraba con la cajetilla de cigarro. Ese día no llevé cigarros, pero, sin embargo, me lo dijo, me lo dijo de frente…

—Hermano: Prácticamente lo vio en el áurea.

—Enrique del Pino: Me vio en el áurea prácticamente…

—Hermano: [Ininteligible]

—Enrique del Pino: Exactamente. A mi primo le dijo que se cortara el pelo.

—Hermano: ¿Fue pelucón?

—Enrique del Pino: Fue pelucón. A él le gustaba el pelo largo. Le dijo, y Él no le doraba la píldora a nadie —como se dice—, de frente nomás le decía.

—Hermano: Pero, en la forma como Él le decía, así [ininteligible] o bien alegre o normal. Porque uno a veces uno, por decir así, a veces yo lo digo con risa, o sea, así medio irónico, otros normal y otros un poquito serios.

—Enrique del Pino: No. Él era enérgico en ese aspecto.

—Hermano: En cuánto a corregir.

—Enrique del Pino: Exactamente. Si se refería a la moral del Padre, enérgico.

—Hermano: Enérgico.

—Enrique del Pino: Así es.

—Hermano: Pero, ¿muy poco de ofuscarse Él así…?

—Enrique del Pino: No. No se ofuscaba. Te lo decía de una forma, no caliente o molesto, sino te lo decía así, serio, pues. O sea, de broma en broma era poco. También bromeaba bastante, para qué.

—Hermano: ¿Una de sus bromas?

—Enrique del Pino: ¿Una de sus bromas? [Risas]

[Conversaciones ininteligibles y risas]

—Enrique del Pino: Una broma… Ah, lo que siempre decía, cuando nos quedábamos intrigados, o, por decir, de lo que Él decía, nos decía: Y, ¿qué hubo?, ¿qué hubo? —nos decía—. Como diciendo: Pregunten más pues, ¿por qué no preguntan? Entonces no tenías en la mente, la mente parece que se te cerraba y no sabías qué preguntarle [risas].

—Hermano: Hermano, una pregunta: Qué decía el Padre, de que, por ejemplo, cuando usted iba a la peluquería con al hermanito, acompañándole, usted vio una nave que decía la Fuerza Aérea, pero Él dijo que era un platillo. ¿Es cierto?, o usted lo puede confirmar, porque usted me dijo una vez eso.

—Enrique del Pino: Un día, ha sido un día sábado, día y fecha no puedo recordar bien, pero sé que fue un sábado porque yo trabajaba de lunes a viernes y justo Él se iba a cortar el pelo, ahí nomás, en la plaza Ruiz Gallo hay una peluquería, no sé si hasta ahora existirá, y justo pasó un avión, un avión de la Fuerza Aérea, los que le llaman Búfalos creo, esos aviones. Y yo le digo: ¡Mire hermanito, un avión de los militares! —le digo—. No —me dijo— esa es una nave —me dice—. ¡Pero hermanito!, ¿si dice Fuerza Aérea del Perú? No. Es que las naves toman esa forma para no escandalizar, para no asustar al planeta en estos momentos, porque todavía no es el momento de que las naves se manifiesten. Me dijo: ellos toman esa forma, y ellos me están saludando en estos momentos —me decía—. Y yo me quedé pensando…

Un De Havilland Canada DHC-5 Buffalo, más conocido como Búfalo, antiguo avión usado por la Fuerza Aérea del Perú. Nótese el logo de un búfalo después del número de serie 322


—Hermano: ¿No brillaba?

—Enrique del Pino: Pasó como un avión cualquiera. O sea, tú lo veías, un avión de la F.A.P., pero en realidad era una nave.

—Hermano: ¿Sabe por qué le digo hermano? Porque de esos búfalos yo me he tirado y de repente era una nave que… (he sido) paracaidista, ¿no?

[Risas]

—Hermano: Así es hermanito [ininteligible], ahora usted me dice y [ininteligible] preguntaba.

—Enrique del Pino: Claro. Justo estábamos pasando y la nave pasó a la altura de Él, así, y bajo todavía.

—Hermano: ¿A la altura de quién?

—Enrique del Pino: O sea, bajo, super bajo, más o menos, estábamos en esos momentos casi en medio de la plaza Ruiz Gallo y pasaba la nave. Era un platillo, pero con la forma de un avión Búfalo de la F.A.P.

—Hermano: ¿Y no hacía bulla?

—Enrique del Pino: No, no hacía bulla, pasó. Yo en ese momento no le tomé mucha importancia en el sonido, un avión… Y me dijo: No. Es una nave, me están saludando, son padres solares.

—Hermano: Hermanita Susana, ¿qué nos dice hermanita Susana?

—Susana Rosas: Sí hermanos, ante todo quiero agradecer, pero muy particularmente a los hermanos que han proporcionado este hogar y a todos los hermanos que han concurrido, que han podido concurrir, porque dicen que muchos habrán querido venir, posiblemente no han podido. Francamente para mí es de mucha alegría ver el interés muy particular de todos y cada uno de nosotros por la Divina Revelación. Principalmente quiero agradecer a la hermana Edith, a su madre, a quien los estimo bastante por esta oportunidad tan importante de poder estar reunidos y preocuparnos por las cosas del Padre, que eso nos va a hacer avanzar bastante en nuestra evolución espiritual. Estoy dispuesta a contestar cualquier pregunta en el tiempo que estuve relacionada con el hermanito Luis Soto Romero, que lo conocí desde el año 1975. Así que, cualquier cosa…

—Hermano: Hermanita, quisiera hacerle una cierta pregunta. Seguramente porque usted ha sido, que había conocido por primera vez al hermano Luis Soto Romero y nos podría contar con mayor detalle, ¿cómo ha sido su primer encuentro con el divino Maestro?

—Susana Rosas: Mi primer encuentro fue en el año 75, no recuerdo tampoco el mes, anteriormente he pertenecido a un centro espiritual, San Juan Bautista, entonces nosotros ya habíamos tenido conocimiento de que el Hijo de Dios había nacido en Chile, pero no sabíamos cuándo, no nos habían explicado bien. Entonces, por intermedio del señor [Salvador] Maya, el hermano Maya, era el gerente de la oficina [Editorial Kosmos] y sabía que yo estaba en esas cosas espirituales y me dijo: Susana, está en Lima un hermano que interpreta la Biblia. Entonces yo le dije: ¡Hermano, a Él estábamos esperando nosotros! Le vi con relación al grupo al que yo pertenecía. Entonces: Por favor, yo quiero conocerlo. Entonces me dijo: Está en la casa del hermano Espejo, voy a pedir la dirección y permiso para que usted vaya. Entonces, yo feliz de poder conocer a este hermano. Anteriormente yo siempre, cuando yo me imaginaba a las personas, siempre coincidían con las personas, y dije: será así… Y lo imaginé bajo, de lentes, de pelo entrecano, una persona intelectual evidentemente, pero cuando fui a la casa el hermano Luis, me abrió la puerta, y era un hermano alto, corpulento, para qué, muy bien parecido, y Él mismo me abrió la puerta y me identifiqué también y, inmediatamente, estaban ahí sus rollos y yo me agaché, y miré los rollos, y lo miré a Él y le dije: ¿Usted escribe esto? Sí —me dijo—, yo escribo esto… ¡que maravilloso! Sin leerlos, solamente al ver nomás los rollos, me fascinó. Entonces lo invité al hermano a nuestro centro [San Juan Bautista] y Él tuvo oportunidad de visitar varias veces el centro. Esa ha sido mi relación con el hermano Luis. Cuando el hermano pensaba viajar a la República Argentina yo le dije: Hermano, nosotros nos vamos a hacer cargo de usted, usted se queda acá en el Perú. Y me dijo: Muy bien hermana. Y se quedó en Perú hasta su partida, como todos saben ¿no? Eso es con relación a su pregunta.

—Hermano: ¿Cómo sabía el grupo, que usted pertenecía, que Él iba a venir acá, al Perú? Quisiera que lo aclare esto y lo amplíe. Porque yo creo que desde Chile o Antofagasta, que Él estuvo, han tenido que avisar, o es que la secta, o el grupo que usted pertenecía ¿ya sabía?

—Susana Rosas: Hermano, sabíamos que había nacido en Chile, pero no sabíamos que iba a venir al Perú. Simplemente —que le digo—, es un templo espiritista. He pertenecido, anteriormente, al templo espiritista San Juan Bautista. El hermano Luis, después, por la amistad que nos unía, me dijo que no fuera, o sea que me alejara. Entonces le pregunté ¿por qué? Y me dijo que sí, que es [ininteligible] el espiritismo, pero que realmente, si se hubiera unificado y todos fuéramos espiritistas, estaría bien, pero que nada dividido es del agrado del Padre y que no volviera a ir. Y desde ese día no volví a ir nunca más. ¿No sé si eso satisface su pregunta o…?

—Hermano: Yo me refería de que cómo el grupo sabía que iba a venir. Porque usted dijo que, cuando lo explicaba, dijo: que a Él es al que esperábamos.

—Susana Rosas: Cuando me habló el hermano Maya, me dijo: Hermana Susana, ha venido —me dijo él en la oficina— porque él [Salvador Maya] es masón, y el hermano había ido a hacer una charla, lo habían invitado a la logia masónica. Y el hermano, como pertenecía a la logia masónica, y sabía que yo pertenecía a un templo espiritual, es que él vino y me avisó, me dijo: Hermana Susana —me dice— ha venido un hermano que interpreta la Biblia. Pero no me dijo quién era, me dijo simplemente un hermano, entonces le dije: Hermano, a Él —me salió así—, hermano, es a Él a quien esperábamos nosotros. Porque la Biblia es tan difícil, pero de ninguna manera me imaginé que sería el Hijo de Dios, jamás, mentiría. Nos habían dicho, en el templo espiritual, hace años, de que había nacido el Hijo de Dios en Chile, pero no por eso… Pero [Maya] no me dijo de dónde era, tampoco si era chileno o no, no me hizo ninguna referencia ni ninguna alusión de que era chileno, me dijo, simple y llanamente: Ha venido un hermano que interpreta la Biblia. Y me salió así: ¡Hermano, a Él estábamos esperando! Pero no sabía que era el Hijo, el Primogénito, ni mucho menos, ¿no?

—Hermano: No habrá sido que el divino Maestro, cuando llegó por primera vez ¿se fue de frente donde los masones? Porque, aparte de eso, hay un hermano de la revelación, un hermano Luis Villareal, que nosotros últimamente lo conocemos, él tiene —dice— un tío que es masón. Él le dijo, le explicó sobre la revelación, le dijo que verdaderamente es el Hijo de Dios. Entonces, el hermano masón —o sea, su tío—, le dijo: Sí, sabemos que ya está Cristo acá, sabemos que está difundiendo un conocimiento, pero tú sabes, nosotros los masones seguimos con nuestra filosofía. O sea, ellos saben, prácticamente que el Hijo de Dios está acá. Pero para ellos es igualito, siguen con su filosofía. Entonces yo digo, será que el hermanito habrá ido, de repente allá, y entonces, el hermano Maya —como usted dice— se enteró y vino y le dijo a usted que… ¿de esa manera habrá sido?, o usted que… prácticamente no lo habrá tomado en cuenta, ¿no?

—Susana Rosas: No hermano. Yo no tomé en cuenta eso de ninguna manera. Solamente, el interés que teníamos nosotros del avance espiritual hacia el Padre, de una manera imperfecta, pero siempre lo hemos estado buscando. Entonces, es el interés —digamos— ha sido la relación con el hermano. Después que yo haya sabido directamente, no creo, porque me he encontrado con hermanas que han hospedado al hermano Luis y que no pertenecen a… pero todas las hermanas que están relacionadas directamente con centros espirituales, todas las hermanas que yo conozco. Todas las hermanas que conozco y que he tenido la oportunidad de relacionarme, hermanas rosacruces, a todas partes donde ha ido el hermano Luis —digamos, ¿qué le puedo decir?—, todas donde ha ido el hermano han sido espirituales, de personas que están en la búsqueda del Señor y que he tenido oportunidad de relacionarle con ellas.

—Hermano: ¿Cómo conoció el hermano a Antonio Córdova?

—Susana Rosas: Al hermano Córdova yo lo conocí…

—Hermano: ¿Cómo entra en escena?

—Susana Rosas: El hermano Córdova, entra en escena porque yo lo conocí al hermano Córdova cuando fui a arreglar una sortija a una joyería en Jirón de la Unión. Entonces, yo siempre hablaba de lo mío, entonces él escuchó que yo estaba hablando del espiritismo y él me siguió y me dijo que tenía su taller y que él tenía interés en pertenecer al centro donde yo estaba. Yo le dije que encantada, que si él tenía interés yo lo podía llevar. Entonces, es así como me relacioné con él, tuve oportunidad de conocerlo, lo presenté, entonces ya, cuando el hermano Luis ha venido, estaba el hermano ya también en él templo San Juan Bautista. Entonces el hermano [Luis], como no tenía donde hospedarse, le pedimos al hermano [Córdova], si el hermano [Luis] podía quedarse ahí, en su casa, y el hermano [Córdova] accedió, y el hermanito Luis estuvo por un tiempo, para luego pasar al Callao y después regresar de nuevo a Lince. Así ha sido cómo, la relación del hermano [Córdova] con el Hermano Luis y ese tipo de cosas. Otra cosa hermano, eso es importante que yo les diga, que el hermano Luis me dijo que Él no quería nada de grupos, que cada uno leyera la Divina Revelación en su casa, en sus hogares. Pero pienso yo, muy particularmente, Él no me dijo, pero que nos podemos nosotros reunir para trabajar, para hacer avanzar la Divina Revelación, para la difusión, que es importante, que esto no es solamente para nosotros, esto tiene que expandirse. Y me dijo el hermano [Luis] que mentalmente uno también tiene que proyectarse, que esto avance, ir vislumbrando qué va llegando, qué va llegando, mentalmente, porque esa energía hace que avance más la Divina Revelación. Después me dijo, el hermano Luis —que ni quería decirles— primeramente, nada de ese tipo, o sea formar grupos, nada de esas cosas Él quería. Me dijo: Hermana, cuidado —me dijo— con ese tipo de cosas. Ahora no recuerdo, yo venía para decirles un montón de cosas, pero en este momento, posiblemente, con las preguntas me vaya acordando.

—Hermano: Entonces continuamos con el hermano Quique que se refrescó la memoria.

—Enrique del Pino: Hablando más a fondo del hermanito, posteriormente seguí yendo a su casa, siempre conversaba con Él. Él era una persona recta en todo, le gustaba las cosas, como se dice, derechas. Incluso, con quien tenía problemas ahí era con la hermana Olinda en ese tiempo, porque me acuerdo que un día yo llegué a su casa… Yo comía en su casa antes, me daba pensión la hermana y un día me dice: Mire, ya estoy harta del hermanito —me dice— porque ya no puedo más, yo quisiera que se vaya de acá, de la casa.

—Hermano: ¿Cuánto tiempo llevaba el hermano ya, que ya estaba harta?

—Enrique del Pino: Eso ha sido más o menos en el 77. Él ha llegado en el 75 a su casa. Yo debo haber llegado en el 76 ó 77, no recuerdo bien.

—Hermano: 76 hermano.

—Enrique del Pino: 76 ha sido, ¿no Carmen?

—Hermano: ¿Qué edad tuvo más o menos allá?

—Enrique del Pino: Yo estaba de 16 años

—Hermano: Chibolito [chiquillo] todavía estaba.

—Enrique del Pino: Efectivamente. Más o menos ha sido en el 77. En el 77 ha sido, sí. Incluso, no solamente el único que puede dar este testimonio soy yo, la hermana Carmen [Tasso] también lo va a dar. Yo estoy contando mis experiencias con la hermana Olinda y el hermanito. Entonces me decía que estaba harta del hermanito. Pero yo le decía: Hermana, pero ¿por qué? —Es que todo el día me para diciendo: Hermana, esto, hermana, el otro—. Es que, ¿qué sucede?, que la hermana tiene un carácter que, —como te puedo decir— no lo puede cambiar, es más. Entonces, lo que quería el hermanito es que ella cambie, que sea un poco más sencilla, que sea más humilde, que sea con los hermanos, con los hermanos que van allá, a su casa, que los trate bien, porque en lugar de que los hermanos colaboren, los divide y los corre. Entonces, Él siempre le daba duro, le decía: Las sensaciones del odio, de la intriga, del chisme, son de las tinieblas —le decía—. Entonces eso a ella le daba cólera. Entonces me dijo: Yo estoy harta ya, yo quiero que se vaya…

[Entran varios hermanos]

—Hermano: El hermano Quique va a terminar la respuesta a la pregunta que le hacían y después todos los hermanitos que puedan van a presentar su nombre y el lugar de dónde vienen para que todos nos podamos conocer.

—Enrique del Pino: Continuando con lo que les estaba diciendo, me decía que en realidad estaba harta del hermanito y que mejor era que se vaya. Y yo le dije: Mire hermana, no creo que sea dable que usted haga eso —le digo—, usted sabe quién es Él —le digo— es el Enviado. ¡No!, ¿pero usted cree hermano? —me decía—. ¡Seguro es un mañoso que se hace! Así me decía, con toda honestidad, y hay testigos. No hermana —le digo—, usted, lo que pasa, que debe tener paciencia. ¡Pero no sé hasta cuando voy a tener paciencia!… Yo trataba siempre de apaciguarla a la hermana, pero siempre el problema era con la hermana o con sus hijos [José y Jorge]. Después, otra cosita, que ya para terminar, porque sé que más adelante van a venir más preguntas y los hermanos desean hablar. Otra de las preguntas que también quisiera que todos sepan y que les voy a contar, de que nosotros, los hermanos que hemos estado ahí, le llevábamos alimentos al hermanito, era como una colaboración, le llevábamos azúcar o cualquier cosa, vegetales. Entonces, la hermana no le entregaba, no le entregaba al hermanito lo que le mandábamos, todo se lo consumía, inclusive hasta dinero. Muchas veces mi madre le dejó hasta dinero y no le entregaba. Y de casualidad un día yo le pregunto: Hermanito, yo le mandé el otro día una bolsa —le digo— con víveres. ¿Sí hermano? —me dice— pero no ha llegado a mis manos. No, pero yo le he dado a la hermana Olinda. Y la llamó a la hermana y le dijo: ¡Hermana, ¡cómo es posible!, usted debe avisar, el hermano Quique me está mandado estos víveres y usted no me dice nada. —Sí hermano, pero en realidad no he tenido tiempo—. ¿Y dónde está? —¡Ya lo hemos comido todo!—

[Risas]

—Enrique del Pino: Entonces le dice: Eso se paga el día del juicio porque usted se está adueñando de algo que no es de usted. Eso me está dando el hermano Quique a mí, y eso el Padre lo va a juzgar el día del juicio. Y así, un montón de cositas…

—Hermano: Siempre dándole [ininteligible] al hígado de la hermana Olinda

—Enrique del Pino: Si pues. Y ahí pues, cuando a la hermana Olinda, alguien no le caía bien, o no hacía lo que a ella le gustaba, ya comenzaba a indisponer. Es lo que ha sucedido, creo, con la mayoría de los hermanos que están reunidos en estos momentos, que, porque le hacíamos ver la verdad —no necesariamente peleando—, haciéndole ver la realidad para que ella se dé cuenta. Porque si igual, si yo tengo un error, se supone que debemos tener la humildad y aceptar. Si me equivoqué, pues, me equivoqué. En cambio, la hermana nunca aceptó eso. Tú le dices: Hermana, tú estás equivocada, ella jamás lo va a aceptar. Y si lo acepta lo acepta por conveniencia, no porque le nazca. Eso es todo hermanos, por este momento.

—Hermana: Perdón, un rato. Solo para que vaya recordando el hermanito algunas cosas más importantes que lo que ahorita está diciendo porque eso ya todos lo saben. Pero, cosas más importantes, como, por ejemplo, cuando el hermanito ya iba a partir, hay cosas que él ha dicho, en cuanto a cómo debemos nosotros…

—Susana Rosas: Sí hermanitos, también es muy importante, discúlpenme, pero con relación a los rollos, el hermanito Luis a todas las personas que estaban interesadas y tenían interés en los rollos, Él daba los originales: Hermano, ¿cuántos quiere que le dé? Y se llevaban los rollos y los hermanos… se lo devolverían por supuesto. Incluso a mí me prestó en mi casa, y yo saqué, y después se los entregué al hermano. Otra cosa muy importante también que no quiero olvidarme. El hermano Luis, el interés que Él tenía, y que trabajó con el hermano Maya, y la secretaria del hermano Maya y yo, fue la Construcción de los Platillos Voladores. Él, personalmente, trabajó todos esos rollos, y todo eso el hermano Maya lo dejó a mi nombre donde los hermanos Córdova, ellos lo tienen. Pero el interés del hermano Luis fue que se publicara la Construcción de los Platillos Voladores. Por si acaso hago referencia a esto, y también el hermano que…

[Fin de la grabación]