Entrevista a la hermana Olinda Córdova

Olinda Córdova (Captura de pantalla de Facebook)

Lima, 20 de noviembre del 2025

Por el hermano Luis Paúl (Perú)

Respondiendo al hermano Luis Paul de Facebook Messenger
Gloria al Divino Padre, hermano

¿Cómo conoció al divino Maestro Luis Antonio Soto Romero?
Yo conocí al Divino Maestro, al Hijo de Dios, en el año 1975. Así como usted, también yo leía las Sagradas Escrituras. Me concentré bastante en el Apocalipsis, leía otros libros místicos de otros autores. Pero no había las respuestas que uno quería. Es así que en esos momentos pertenecíamos o integrábamos un grupo de hermanos gnósticos. Y un hermano nos dice: viene un hermano de Chile que interpreta las Sagradas Escrituras. Y es ahí que el hermano Antonio va a una conferencia. Cuando regresa, dice: Él es. Y bueno, yo un poco, como dice, escéptica, dije: Yo también quiero ver para saber si es como él dice. En esos momentos, el Hijo de Dios estaba alojado en Surquillo, en la casa de un ingeniero que se llama Juan Espejo. Fuimos, y ¿para qué? Todas las expectativas que yo tenía, iba respondiendo uno a uno. Y me maravilló, me agradó bastante. Regresamos, planificamos a invitarlo a la casa. Y bueno, como pertenecíamos a un grupo, queríamos que ellos también escucharan. Y les dijimos: ¿Qué tal hermanos si hacemos un té y compartimos con este hermano que viene de Chile? Por el momento no tiene familia. Ellos no quisieron, como que se molestaron. Después de dos días, porque las cosas se hacían en mi casa, los encuentros, las sesiones. Pero después de dos tenidas [Nota: sesiones de espiritismo], como ellos decían, se retiraron; dijeron que ya iban a ir a otra casa; enhorabuena. De ahí comenzamos nosotros a compartir mucho más el conocimiento con el autor de la Divina Ciencia. Luego después de un tiempo, Él nos dice: El hermano me está pidiendo la habitación y yo tengo que entregarlo; no sé cómo va a ser. Y como nosotros teníamos una habitación en la azotea, era justamente como una pequeña biblioteca. Le ofrecimos eso; Él dijo, yo no me mando solo, voy a consultar con el Divino Padre. Si el Padre dice, entonces yo regreso. Me vengo. Y así pasaron los días, como quince, veinte días. Y un día dijo: El Padre ha dicho que yo me traslade a Lince. Para nosotros fue una alegría desde aquel día. Nosotros comenzamos, como dice, a sentirnos acompañados.

¿Cómo era el trato de Él con sus hijos?
Él era una persona muy cariñosa, bondadosa, disciplinada, respetuosa, humilde, sencillo, alegre. Con mis hijos se llevaba bien. Les decía gnomos porque en esos momentos eran chicos.

¿Mientras vivió en su casa qué hábitos o rutina tenía Él a diario?
Cuando Él subía al tercer piso, Él siempre decía: Las masas me aclaman. Y cuando se subía o bajaba, decía: Esto se acaba, señores. Y en eso compartíamos.

¿Le narró algunas historias?
Él siempre nos daba el conocimiento, nos hablaba del macrocosmos, nos hablaba de los acontecimientos que sucedían en el Reino. Como la intervención de las tinieblas. El Divino Padre llamaba a una sesión de Padres Solares porque iban a intervenir tal o cual mundo y el demonio siempre entraba, se infiltraba, molestaba a los Padres Solares. Y cuando los Padres Solares le alejaban con sus espadas de fuego, el demonio iba y le decía al Divino Padre: ¡¡Padre!!, ¡¡tus brillosos, tus brillosos me están molestando!! Bueno, nos parecía como un acontecimiento contradictorio, tal como acá sucede; hay cosas negativas acá, pero el que lo produce no es culpable, sino los otros. Y así.

¿Cuándo usted le cocinaba el divino Maestro tenía una comida, postre favorito, o qué le gustaba?
En cuanto a la comida, había ciertos platos que yo no conocía, como, por ejemplo, los niños envueltos, el porridge, y había así, cositas que yo no entendía, pero poco a poco fui entendiendo, le gustaba también el salpicón de verduras. Y luego después comenzamos a entenderlo, comprenderlo y mucho más, a practicar sus enseñanzas. Y bueno, el acontecimiento que yo tuve con Él fue cuando… y usted sabe que en la vida mundana siempre uno hace uso de comer, el pollito, el chanchito; pero un día, yo tentada y llevada por ese deseo de haberme acostumbrado a comer pollo a la brasa salí a comprar pan y cuando regreso me traía un cuarto de pollo para comer yo sola. Él estaba en el tercer piso, pero ¡oh sorpresa!, cuando yo estoy escondiendo el pollo, el cuarto de pollo a la brasa que había comprado, Él estaba atrás mirando lo que hacía. Cuando levanto la cabeza y veo, pues, que me estaba mirando, y me dijo: Usted sola se engaña, al Padre no. Y me dio vergüenza; eso fue, como se dice, lo máximo que tuve que entender y comprender, practicar, aunque no me fue fácil, pero fui olvidando. Fui olvidando y al tiempo me pareció muy natural, comer verduras, cambiar de alimentación; esto favorece bastante a la salud.

En cuanto a las enseñanzas, era maravilloso porque nos enseñaba en base a las Sagradas Escrituras, en base a las Parábolas; nos explicaba y son, como dice, leyes celestiales, donde todos participan; todos comparten con su conocimiento; todos trabajan en unidad. En unidad, no es como los seres humanos que somos un poco egoístas y queremos uno solo hacer las cosas.

En cuanto a la difusión, Él escribía los títulos de los divinos rollos, los rollos hacia uno, dependiendo. Si era pura letra hacia uno diario y si era con dibujos, era uno o dos al día. Dependiendo también porque Él tenía que salir a hacer sus trámites, sus papeleos, dado que Él, pues, no era peruano. Y a donde iba siempre llevaba sus cuadernos de pasta doble para hacer los títulos de los divinos rollos. Y en la casa también daba conferencias, venían hermanos un poquito más insolentes. Siempre le decían: ¿De qué vive? ¿Cuánto gana? ¿En qué trabaja? ¿Quién le costea los alimentos? Esa era la pregunta, como se dice, máxima que ellos podían hacer. Si nosotros nos damos cuenta el trabajo que Él hizo, es grandioso, es para el planeta, que ningún sueldo, pues, cubriría. Ese esfuerzo, ese trabajo que lo hacía, lo hacía por amor, por cumplir, la misión que el Divino Padre le encargó y tenía como la telepatía universal viviente. Conversaba con el Divino Padre, con la Divina Madre, con otros Padres solares. Y hay dos o tres nombres que están en los divinos rollos. Y el ingeniero Dulcíneo, el ingeniero Celeste, el ingeniero Paz. Y así, pues, como se dice, íbamos entendiendo y comprendiendo que era único y fiel y verdadero a las Sagradas Escrituras, pero era tanta su humildad que jamás Él se proclamaba. Pero sí se le escuchaba decir: A dónde yo voy, ustedes no pueden ir. Y esas cosas… Maravillaba cuando uno podía entender, pero muchos no entendían, muchos escuchaban, pero poco o nada les interesaba poder comprender lo grandioso.

También he tenido muchos sueños. Ahora último, ¿qué soñé? Que Él venía en gloria y majestad. Venía, bajaba a las orillas del mar. Cuando Él bajó, el mar se levantó como tres o cuatro metros y todo era como una, ¿no?, como leche blanca. Y Él se va… a Él se lo llevaron en un carruaje, como de los antiguos, de los egipcios, así. Y bueno, son profecías, qué, yo como un poco entiendo de eso… Y ahora, hará quince días o veinte días soñé también que yo tenía un tomacorriente al lado de mi cama y de allí salía una luz potente a una pared. Vi al Hijo de Dios compartiendo con los apóstoles. Eso me imagino porque vi varias figuras. Y la voz que se presentó en ese momento me dijo: Lo más grandioso para la humanidad sale de acá, de esta casa. Y me sorprendí y me desperté muy contenta, muy alegre. Doy gracias a Dios siempre, como dicen, en momentos tan difíciles, Él está con nosotros, nos habla por medio de intuición y entendemos que no estamos solos. Y qué mejor si leemos, si practicamos, si somos sinceros, si somos sencillos, si tenemos un grado de humildad, el Divino Padre siempre está con nosotros.

Y eso es lo que podría decirle, hermano; en cuanto a su comida, era también humilde, sencillo y yo no era como dicen… no era fanática a la carne, pero sí tenía algunos momentos que hacía uso del pollito o de un bistecito, ¿no? Pero tuve que cambiar y aprender de cero, preparar comidas, me parecía, como dicen, que si no comíamos carne… ¡uy!, era desnutrición total; pero no, al contrario, nos ha hecho mucho bien, hemos limpiado un poco el organismo y nos mantenemos, nos mantenemos… Bendito sea Dios y estamos acá igual sanos y fuertes para servir al Divino Padre. En cuanto a esto, la comida, como ya le dije… A Él le gustaba, en algunos momentos siempre me decía niños envueltos, que yo no sabía qué cosa era, pero con el tiempo aprendí y entendí, me explicaron que era papa rellena. En cuanto al porridge, es la avena, la mazamorra con leche, la leche con manzanas, su alimentación era bien sencilla. Él era disciplinado, hacía sus ejercicios, se levantaba temprano y era puntual.

Era maravilloso, uno se sentía protegido porque era tan, tan noble que Él nunca protestó por alguna comida. Sí nos corregía, sí nos llamaba la atención porque… todo padre, pues, desea lo mejor para sus criaturas. Eso es lo que podría decirle hermano y si en algún momento usted desea saber algo más, con todo gusto.

Escribe: Olinda Córdova Valverde.