
CIENCIA CELESTE PERÚ
Entrevista a la hermana Esther Tasso Clímaco y Enrique Javier del Pino León

Esther Tasso y Enrique del Pino (Captura de pantalla de YouTube)
Lima, 21 de diciembre del 2023
Por la hermana Claudia Rodrígues (Portugal)
Claudia Rodrígues: …Podéis presentar un poquito para quien no os conoce, que es la primera vez que la pareja viene al canal, al programa Quinta Esencia, entonces que os podéis presentar un poquito para conocerlos.
Enrique del Pino: Bueno, empiezo yo. En mi caso, Enrique del Pino, fui uno de los que conoció al divino Enviado de Dios, a Alfa y Omega, el que escribió los rollos telepáticos que ya perfectamente usted lo sabe, y lo conocimos casi a finales de 1976 más o menos. Igual Esther, los dos tuvimos la oportunidad de conocerlo. Claro, que en ese entonces todavía éramos jóvenes, yo tenía 16 años. Sabemos que Él es chileno y trajo esta Escritura Telepática y me enteré yo por el diario, un diario que en ese entonces se llamaba Última Hora acá en Perú. Fuimos a su casa —también llegó Esther después— y lo conocimos. Y cuando nos mostró la Escritura Telepática sinceramente nos quedamos maravillados. Los rollos eran más o menos de 0.80 x 1.10 más o menos, y nos quedamos encantados y maravillados con las figuras, los dibujos que salían fuera de lo normal. Él era una persona muy abierta en el caso de lo que se refiere al estudio divino de las cosas de Dios. Nos decía que esto estaba escrito en el evangelio de Dios, en el Apocalipsis 5 como: Los Rollos y el Cordero, y que la humanidad había pedido este conocimiento y que Él daba cumplimiento a esa profecía, y qué para poder entender y comprender teníamos que leer los rollos y estudiarlo. Y así fuimos visitando la casa y estudiando a la vez el conocimiento. Verdaderamente quedamos maravillados de todo el conocimiento que trae la Ciencia Celeste —el mismo Padre lo llama así—. Queríamos dar testimonio de que conocimos al divino Enviado. Él era una persona —como te puedo decir— era como un niño, era una persona super sana, en ningún momento vivos algo fuera de lo normal y todo estaba relacionado con lo divino. Maravilloso el conocimiento. Nos hablaba del nacimiento de la Tierra, cómo nació el planeta Tierra, que salió del vientre de la madre solar Omega, decía que este planeta salió la Tierra y que fue creciendo de lo invisible a lo visible y que todos pertenecemos a los soles Alfa y Omega: Yo soy el Alfa y la Omega, ¿qué quería decir? que venía de los soles Alfa y Omega, que eso es el macrocosmos o reino de los cielos. Tú dale tu versión a ver.
Claudia Rodrígues: Muy interesante.
Ester Tasso: Yo soy la hermana Esther Tasso Clímaco, que también por ese tiempo lo conocí a fines casi del 76… sí, del 76, y yo quedé totalmente impactada, para mí fue algo muy, muy maravilloso el ver cuando Él nos muestra los divinos rollos, verlo bajar con los divinos rollos. Porque yo llegué a la casa de Córdova a través de mi hermana, porque mi hermana fue la que me llevó, Carmen Tasso, y yo me quedé impactada cuando lo vi bajar con los divinos rollos, los extendió y vi esos divinos dibujos, me quedé totalmente impactada, y verlo y escucharlo hablar, más todavía, que Él hablaba horas, de horas, de horas y no tenía que leer ni nada, todo era fluido, le fluía todo. Y yo siempre he tenido un poco de recelo con los religiosos desde pequeña… [hay una interrupción] …que te obligan a ir a las iglesias, a las ceremonias que hacen los religiosos y toda la gente, y siempre está un vacío ahí adentro. Entonces, cuando yo llegué, lo miré, y en ese momento pensé yo, lo que yo pensé en ese instante Él lo respondió. Entonces, lo me quedé mirando, dije: ¡Dios mío, es lo que estoy pensando! Me lo respondió, me miró y me lo respondió. Entonces, yo en ese momento me di cuenta de que no tenía que hablarlo verbalmente, sino pensarlo.
Claudia Rodrígues: Él les leía la mente.
Esther Tasso: Leía la mente.
Enrique del Pino: Sí, efectivamente.
Esther Tasso: Entonces me di cuenta de eso, y en eso volví a pensar otra cosa, lo vuelve a responder el divino Enviado, y conforme yo iba pensando Él hablaba para todos, pero yo sentía que Él me estaba respondiendo a la pregunta. Supongo que a todos les debe haber pasado ahí. Y en ese momento, conforme yo iba sintiendo eso, ese vacío que yo tenía acá adentro, eso fue llenando. Primera vez en mi vida me sentía satisfecha de la explicación referente a las cosas del reino de Dios, ahí empezó todo. Y escucharlo decir a Él que Él venía como el divino Enviado de Dios, que Él traía la tercera y última doctrina que el planeta pidió. O sea, esto es una tercera y última doctrina que está ya en el planeta. Entonces, nos recomendaba que teníamos que estudiarlo porque este planeta está pendiente de un juicio, de un juicio final. Entonces, antes que nos agarre el juicio, nosotros teníamos ya que saber, a través del estudio, por qué viene ese juicio a este planeta. Entonces, nos recomendaba eso, que estudiáramos, profundizáramos, porque era lo único que nos iba a consolar en los peores momentos.
Enrique del Pino: Los futuros acontecimientos que se cernían sobre la Tierra.
Esther Tasso: Sí, que se cernían. Entonces, nos decía que esto estaba escrito en los evangelios, en Apocalipsis 5 como el Rollo y el Cordero. Entonces, se cumplía porque era un pedido de la humanidad. Nos decía que nosotros teníamos que prepararnos a través de este estudio porque el mundo está al revés —nos decía— que lo bueno es malo y lo malo es bueno.
Enrique del Pino: Los contravalores.
Esther Tasso: Ajá. Entonces, nosotros teníamos que empezar como el Padre manda, a través de su escritura, de su divina escritura, porque decía que este planeta cayó por la desobediencia. Entonces, nosotros a través de este estudio nos vamos a dar cuenta y nos vamos a… o sea, vamos a tratar de cumplir con el Padre como debe de ser, no con la desobediencia sino con la obediencia, ¿cómo?, cumpliendo las pautas que Él nos dejó. Él nos ha dejado pautas para estudiar, y es para el planeta, no es para un país ni una región, no, es para todo el planeta. No se ha tomado en cuenta eso, las pautas que Él recomendaba era estudiar primero los títulos, segundo…
Enrique del Pino: Los evangelios.
Esther Tasso: Ah, sí. Primero los divinos evangelios, la Biblia, lo que llamamos Biblia —decía—. Segundo los títulos, y tercero los divinos rollos. Entonces dejó esas pautas para nosotros poder entender, porque Él nos decía de que esta divina escritura es la continuación de los evangelios, o sea, de la Biblia, que es la continuación, y nos decía de que el Padre mandaba a sus primogénitos para dejar este divino conocimiento, primero vino Moisés y dejó la Ley Mosaica, la doctrina mosaica, de ahí viene Jesucristo que deja el conocimiento cristiano, la Doctrina Cristiana, de ahí viene el divino Enviado de Dios y deja esta tercera y última doctrina, los divinos Rollos del Cordero de Dios, que son incluidos ya, en los evangelios, o sea, es una Biblia que tenemos que estudiar. Acá nosotros recién podemos definir lo que es bueno y lo que es malo a través de este conocimiento. Cuando se estudia a profundidad recién nos damos cuenta de esa realidad que vivimos nosotros. Esa es la gran razón que nosotros… [hay un corte] …estuvimos a su lado, ya estábamos comprometidos a anunciar este conocimiento a nivel planetario, se está trabajando mucho, mucho se está trabajando, pero con la verdad, no con la mentira, ni con engaños, ni a través del dinero. El comercio el Padre lo sentencia en esta doctrina, el Padre sentencia el comercio. Entonces, no con esas mentiras, acá no se tiene que vender nada, no se tiene que vender libros, no se tiene que hacer comercio, nada, lo dice en un título, el Padre condena eso, y menos con su conocimiento. Lamentablemente surgen unas personas que se acercan a este conocimiento, pero lo ven de un punto monetario, ese es el gran problema. Como Él nos decía: Que el Padre nos mandó los evangelios, la Biblia, y nunca cobró nada, igualito nos deja este conocimiento, y Él en ningún momento nos impuso que nos costaba, que teníamos que pagar para eso. Él no, Él nos decía: El Padre les da gratis y ustedes tienen que dar gratis.
Claudia Rodrígues: Y fatalmente. Eso va con sentido, y así debe ser para todos, para toda la humanidad como dicen.
Esther Tasso: Como Él nos enseñó. Él nos enseñó que debemos compartir, que somos hermanos, porque somos hijos del Padre Eterno todos. Y existen los hermanitos menores que son los animalitos. Él nos explica, y acá también lo explica, en la doctrina, que ese espíritu que está dentro de lo que nosotros llamamos animales, que no son animales, son nuestros hermanos menores, es el mismo espíritu que tenemos nosotros, con la diferencia que están en diferente geometría —nos decía—, pero son los mismos espíritus —nos decía así— ¿Por qué?, porque la criatura, o sea, en la creación del Padre Eterno, nosotros tenemos que avanzar, en ese avance pasamos por todo, nos decía que hemos pasado primero por gases, minerales, agua, vegetales…
Enrique del Pino: Insectos.
Esther Tasso: Todo. Todo lo que vemos hemos sido, y después ya recién hemos sido humanos. O sea, recién nosotros somos pequeños para el Padre Eterno porque el divino Enviado nos decía a nosotros niños, así seamos adultos y todo, Él decía niños. Entonces, en forma espiritual somos niños. Y Él decía eso, de que vamos avanzando así, de poco a poco hasta…
Claudia Rodrígues: ¡Es la evolución!
Esther Tasso: ¡Una evolución! Y decía —lo dice también la doctrina— que tenemos 318 reencarnaciones humanas todas las criaturas de este planeta, recién estamos… ¡ni en pañales! —decía—, que todavía estamos recién empezando. Por eso es que el Padre nos manda este conocimiento, para nosotros disciplinarnos, para poder conducirnos como el Padre quiere, con todos sus valores, son también 318 valores que nosotros tenemos que cumplir. Y el Padre, esos 318 valores, los reduce a los 10 Mandamientos que viene a ser la vara, el Padre lo llama así: La vara. Entonces, esas 318 virtudes nosotros la practicamos en los 10 Mandamientos. Por eso el Padre exige que cumplamos, que cumplamos con la orden y orden que nos da el Padre Eterno, que son los 10 Mandamientos, y que no se le da importancia en este planeta. Si nosotros le diéramos importancia a las enseñanzas del Padre Eterno, antes que todo, decía que este mundo podría ser un paraíso, no estaríamos en la situación en que se encuentra: Guerras, muertes, contra-valores, atraso, seríamos diferentes, avanzaríamos más.
Enrique del Pino: Y quizás este planeta sería un paraíso.
Esther Tasso: Sí. Eso es lo que nos decía, y en realidad…
Claudia Rodrígues: Entonces un mundo de regeneración…
[Hay un corte]
Esther Tasso: El divino Enviado nos decía que este conocimiento viene del reino para acá porque lo pedimos nosotros, es un premio que el Padre nos ha adelantado para nosotros poder avanzar. O sea, lo que está escrito acá es lo que se practica en el reino, allá arriba. Por eso Él recomendaba que lo estudiáramos y lo escudriñáramos porque decía que este conocimiento no solamente nos va a servir para este tiempo, nos va a servir —decía— para futuras reencarnaciones, porque si nosotros no reencarnamos, porque mucha gente que no cree, pero no creer es ponerse límites, o sea, la criatura se pone límites a su avance. ¡No! O sea, no le pone límites al Padre Eterno, se pone límites a él mismo, es como que se ponga un círculo para no avanzar.
Claudia Rodrígues: Creencias limitantes. ¿Alguna vez vosotros dos han estado así, con Él, de una experiencia que os pudiese marcar de impactante?, ¿han tenido algo así?
Esther Tasso: ¡Uy! ¡Tenemos un montón!
[Risas]
Enrique del Pino: Yo Claudia te voy a contar, mira, tres experiencias que viví con Él, mira: Una de ellas fue para el cumpleaños del divino Enviado. Fue la primera vez que pude ver —te digo— de cerca un platillo volador, te cuento. Él ya estaba delicado, eso ha sido más o menos en el año 78, nos reunimos ahí en la casa de Córdova para su cumpleaños, su cumpleaños siempre es el 26 de noviembre, entonces ya Él ya se sentía delicado, cuando entonces estuvimos reunidos…
Esther Tasso: No, en el 77. En el 78 ya Él fallece en octubre.
Enrique del Pino: ¡Ah, sí! En el 77 quise decir. Entonces, estuvimos ahí y yo me retiré. Yo vivía cerca a la casa de Córdova —donde actualmente están los rollos— vivía casi a una cuadra ahí en Lince. Me despedí, y había otro hermano que también conoció al hermano Luis Soto, él es Ernesto Facho, él vive al norte de Perú, en un departamento que se llama Chiclayo. Entonces yo me regreso y me pongo en la ventana, a eso de las 10 más o menos, eran 9:30 – 10.00. Y me pongo a mirar —de verás te lo digo— vi, entre lo invisible y lo visible que se aparecía. Así como parecía, cómo te puedo decir… cómo si viese a través de las nubes. Ahí pude ver un platillo volador grande, sería más o menos, le calculo como un auto, una 4×4, un poco más grande. Entonces, pude divisar las ventanas, pero hacia adentro se veía un poco opaco, como empavonado, avanzaba, avanzaba hacia donde estaba el Enviado, porque yo vivía a una cuadra. Yo en la ventana así, mirando, me llamó la atención. Atrás venía una mediana y más atrás una chiquita, o sea tres platillos, una mediana y otra chiquita. La nave grande se estacionó justo a la altura de donde estaba el Enviado, se detuvo ahí y la mediana se metió dentro de la grande y la chiquita inmediatamente se metió dentro.
Claudia Rodrígues: ¡Wow!
Enrique del Pino: Eran las 9:00, 9:30 de la noche acá en Perú. Yo me quedé [hay un corte] primera vez que podía ver eso, me quedé algo asombrado, impactado. Al poco rato vivo Ernesto Facho, que también él llegaba de donde el Enviado —porque los dos íbamos a la casa a leer— y le digo: ¡Oye Facho, mira lo que acabo de ver!
Esther Tasso: Era su cumpleaños…
Enrique del Pino: Claro, lógicamente. Ese día era el cumpleaños del divino Enviado y le cuento a Facho: ¡Facho, mira lo que acabo de ver! —justo lo que acabo de comentar—. Me dice: ¿Y qué piensas?, ¿se lo vas a consultar al hermano, se lo vas a preguntar? ¡Pero claro! —le digo— ¡mañana temprano! Yo iba ahí porque la hermana Olinda, que era la esposa de Antonio Córdova, ella nos daba refrigerio, pensión, nos daba desayuno y comida. Yo iba todos los días, igual que Facho, entonces le digo: Sí, mañana se lo voy a contar. Llegó el siguiente día y subo y le pregunto: ¿Y el hermanito?, ¿dónde está hermanita? ¡Allá arriba! —me dice—. Quiero hablar con Él. ¡Suba nomás! —porque Él está en el tercer piso—. Así que subí y lo saludé: ¡Hermanito!, ¡cómo está!, ¡buenos días! ¿Y, qué hubo? Porque los chilenos dicen así. ¡Y, qué hubo hermano! Hermano, mire lo que me ha pasado ayer. Le relaté lo que había visto —lo que les acabo de comentar— y me dice: ¡Ah! Me dice: Hermano, esos son padres solares del microcosmos que vinieron a saludarme por mi cumpleaños.
Claudia Rodrígues: ¡Wow!
Enrique del Pino: Y le digo: Hermano, eran las 9 de la noche, yo pienso que las personas lo deben de haber visto. Me dijo: Hermano, usted tiene que tomar en cuenta que todo se hace en base a pedidos. Usted puede estar en un campo abierto donde puede haber unas 200, 300 personas. De esas 200 personas, si todas pidieron verlo, lo ven, si pidió uno, dos, o tres solamente verlo, solamente ellos lo ven, porque todo está hecho en base a pedidos, y usted pidió verlos, porque todo se cumple de acuerdo a los pedidos que hacen los espíritus. Me dice: ¡Ah, que bien! —me dice— que usted pidió ver eso para dar testimonio sobre esto, y no lo oculte, infórmeselo a todos. ¡Ah!, ya hermanito. Esa fue una de las experiencias que tuve con Él. Muy bonito, muy maravilloso. Puedes creerme Claudia que primera vez en mi vida que pude ver un platillo volador ¡cerquísima, cerquísima!, porque a una cuadra es super cerca. Yo nunca en mi vida he visto platillos voladores. Los he visto, pero como te digo, esa vez lo pude ver cerquísima. Y mira, con esa experiencia que yo viví en ese entonces, en el año 76, es para no poner en tela de juicio esto.
Esther Tasso: Yo puedo contar…
Enrique del Pino: Ya. A ver. Esther va a contar otro tema. De ahí yo cuento otro…
Esther Tasso: Yo un día llego —ya el hermano estaba delicadito— entonces yo llego y en el momento que yo entro lo saludo al divino Enviado, le digo: ¡Hermanito! ¡cómo está! ¡cómo ha amanecido hoy día! Y en eso, en ese momento que yo entro, se sentía un perfume, ¡riquísimo, riquísimo en el ambiente! ¡Pero hermanito, que rico olor! ¡qué perfume tan agradable! Y me dice el divino Enviado: ¿Qué, lo siente hermanita? ¡Sí hermanito, que agradable olor! ¡qué agradable! ¡Ah! —me dijo— ese es el perfume de la madre Omega que ha venido a visitarme. Pero era un perfume que penetraba en todo, o sea, llegaba creo hasta al espíritu, ¡muy, muy agradable! no se puede definir, algo similar, parecido, como si fuera jazmines, violetas, algo, pero, un perfume como que te relajaba, te sentías bien, muy, muy, muy agradable.
Claudia Rodrígues: Así como una esencia pura.
Esther Tasso: Ajá. Así, como esencia, pero suavecito que no te [ininteligible] al contrario, te gradaba, todo olía así, qué agradable en realidad. Y eso fue lo que me dijo el divino Enviado. Ahora tú cuenta.
Enrique del Pino: Pero, tú no has terminado de contar por qué era ese perfume.
Esther Tasso: Ya le dije. Me dijo que si lo sentía y yo le dije que sí. Y me dijo que ese era el perfume de la madre Omega que había venido a visitarlo.
Enrique del Pino: Otra que te voy a contar, por ejemplo. Un día yo llego de trabajar —porque, como te digo, la mujer de Antonio me daba pensión— eran como las 6:00 de la tarde. Entonces, el Enviado, del tercer piso siempre bajaba al baño, porque el baño se encontraba en el primer piso. La hermana Olinda me lanza la llave por la ventana del segundo piso para que yo abriera, y justo la luz estaba apagada y el hermano Luis estaba bajando por las gradas. En ese entonces entré, lo saludé. ¡Hermano, cómo está, muy buenas noches! ¡Ah, hermano!, ¡qué tal!, ¡cómo está! ¿y qué hubo, qué dice el trabajo? Ahí hermano, trabajando —le digo—. Entonces, justo en ese momento, cuando Él estaba bajando de las gradas, acá en su cabeza, en la parte de acá [se señala la parte alta de la cabeza], porque Él se ponía un gorrito, al último ya se ponía un gorrito, pero, en ese entonces estaba con la toalla así puesta. Puedes creer que, a través de su cabeza, o sea, de la toalla y la cabeza, se veía como una luz. Una luz, pero no te digo fuerte, tenue se veía, a través de la toalla que tenía en la cabeza, y se movía como unas onditas. Era brillo, pero me quedé impactado. O sea, son cosas que uno nunca ve, lógicamente que te asombra, me asusté un poco. Me dice: Hermano, tranquilo hermano, con el tiempo lo comprenderá —me dijo—. ¡Ah, ya! Y ahí pasó por mi lado. Pero no te digo que era un brillo exagerado porque sería hablar de más. Era un brillo tenue, pero sí se podía ver, a simple vista se podía ver, pues mira, imagínate Claudia ver eso, cualquiera no ve esas cosas. Yo deducía que en realidad sí era un ser divino. No era cualquier cosa, ni tampoco era un oportunista o un charlatán. En realidad, era un ser divino.
Esther Tasso: Él era. Él fue Cristo. Él es el hijo primogénito solar Cristo. Es Él.
Enrique del Pino: Él nunca dijo: Yo soy Cristo.
Esther Tasso: No. Ni nunca dijo: Yo soy esto. No. Jamás.
Enrique del Pino: Nosotros lo hemos ido deduciendo.
Esther Tasso: A través del estudio, de cómo Él habla con el Padre, ya nosotros nos hemos dado cuenta de quién era y con quién estuvimos. Así es.
Enrique del Pino: Y de ahí nos hemos ido dado cuenta que Él era el hijo de Dios. Él decía: Yo soy el Enviado de Dios, nada más. No decía: Yo soy Cristo.
Esther Tasso: Nada más. Decía que el Padre le había dicho que Él se presente como el Enviado de Dios. Y es la manera que Él se presentaba a nosotros, a los seres humanos, siendo Él un padre solar.
Enrique del Pino: Y tuvimos esa oportunidad de… Tuve esa oportunidad de verlo y fue muy bonito, después… Te cuento: Cuando Él ya estaba delicado… Eso si ya fue algo no muy agradable para mí ese momento. Porque, así como en el tiempo antiguo Cristo tenía pruebas, está escrito en el evangelio, que también tiene pruebas cuando va al desierto…
Esther Tasso: Cuando el demonio lo tienta en el desierto.
Enrique del Pino: Lo quiso tentar.
Esther Tasso: Acá también tuvo sus luchas.
Enrique del Pino: Sí. Siempre ha habido una lucha entre el bien y el mal. Entonces, Él siempre nos decía… [se produce una interrupción] …hacíamos turnos para cuidarlo a Él, porque Él ya estaba bien delicado. Lo ayudábamos cuando Él quería ir al baño, si quería agua, si deseaba cualquier cosa estábamos atentos a Él y hacíamos turnos. Y en el día lo hacían las mujeres. Igual Esther, ella lo atendía también con varias hermanas.
Esther Tasso: Sí, hacíamos los turnos para poder acompañarlo en los momentos difíciles, porque Él ya estaba más delicadito ya, estaba muchos más delicado.
Enrique del Pino: Entonces, a mí me tocó hacer turno con un hermano que también conoció al divino enviado, el hermano Humberto Hidalgo o Luis Hidalgo. Él no fue.
Esther Tasso: Es que la prueba era para ti.
Enrique del Pino: Claro, la prueba fue para mí en realidad. Así que me quedé yo solo, lo atendí, todo. Me pidió que lo acompañara al baño porque ya se sentía delicado…
Esther Tasso: Pero todo era prueba para nosotros. Nosotros lo habíamos pedido.
Enrique del Pino: Entonces, más o menos como las 11:30 12.00 ya estaba acostado, ya yo lo había tapado, ya estaba en su cama. Entonces pasó algo increíble. Se va la luz, y mira: En ese momento yo estaba en la cama, era invierno, lógicamente, tenía una frazada que me había dado la…
Esther Tasso: Estabas en el sillón.
Enrique del Pino: Sí, en el sillón. Y Él estaba acostado en la cama.
Esther Tasso: O sea, la cama de Él estaba así [indica con la mano] porque acá estaba la escalera, acá estaba su cama de Él y el sillón al costado, y acá estaba la puerta que se entraba.
Enrique del Pino: Entonces se fue la luz y a través de las gradas, al poco rato —habrán pasado unos 5, 10 minutos—, comencé a sentir que bajaban a través de la escalera —la escalera era de madera y sonaba, así como cuando la madera parece que se va a romper— sentía una fuerza, pero, así como cuando sentimos el calor del fuego que uno lo siente cuando se acerca, así. Pero era… se sentía negatividad, o sea, maldad, sentía que algo malo había ahí. Entonces yo supongo que… ¡qué me asusté en ese momento!
Esther Tasso: Pero tú decías que las maderas rechinaban cuando iba bajando, rechinaban las maderas, porque de arriba la escalera era de madera, pero ya para bajar donde estaba el divino enviado, eso nomás. Del primero al segundo era de cemento.
Enrique del Pino: Sí. Pero sentía un miedo, como miedo que temblaba el cuerpo, yo creo que…
Esther Tasso: El magnetismo de las tinieblas.
Enrique del Pino: Yo creo que si en ese momento alguien me ponía un dedo daba un grito y salía corriendo. Imagínate, yo tenía 17 años, y el hermano Luis me dice: Tranquilo hermano, que eso no es con usted. Ah, ya. En ese momento lo único que he hecho, como estaba con la frazada, yo con miedo, me he tapado, pero así, rapidito con la frazada, de miedo. En el momento que yo he estado levantando la frazada, me he sentido como que estaba en cámara lenta. Me he caído, cómo te puedo decir… como adormecido, como que me he dormido, como que he desmayado, algo así. Pero yo lo hice rapidito, yo me acuerdo, pero, justo cuando ya ha estado arriba, como que me he desvanecido, me he quedado dormido, he despertado y eran cerca de las 6 de la mañana, ya estaba de día, ya estaba amaneciendo, y lo veo al hermano Córdova, Antonio Córdova, lo estaba atendiendo. Y lo saludo: ¡Hermano!, ¡cómo está! ¡buenos días!, ¿y cómo se siente? Ya un poquito mejor —me dice—. Y ahí comenzó Él a relatar ¡Hermano!, anoche sentí como una fuerza negativa que había acá. ¡Ah! —me dice— es que vinieron Ramsés y Osiris a torturarme —me dice— y ellos me ponen un péndulo. ¿Para qué?, para perturbarlo y hacerlo que Él lo adore. Como era en el pasado —dijo— cuando Él vino como Cristo, igual también el demonio le ofreció darle todas la riquezas de la tierra y Él no lo aceptó porque decía que esas cosas son vanas, son cosas pasajeras que simplemente valen durante la prueba de la vida, una vez que tú desencarnas, o mueres, ya eso en realidad no te sirve para nada, no te ayuda a avanzar y lo único que vale acá es tu comportamiento con respecto a tu Creador en base a los 10 Mandamientos, porque las riquezas no te acercan a Dios, es más, te alejan de Dios, y es un formidable… ¿Cómo decía?, es como una…
Esther Tasso: Como una ilusión, un engaño.
Enrique del Pino: Sí, para no dejarte avanzar, es como una… barrera. ¡Ahí está!, esa es la palabra. Como una barrera para no dejarte avanzar… [hay un corte]. Y así, Él tenía sus luchas espirituales. Y otra que te voy a contar también: Allá en la casa de Antonio, para entrar hacia adentro, porque era como una quinta, había unos maceteros afuera y en esos maceteros había geranios, estaban marchitos y el hermano Luis le dice a la hermana Olinda, la pareja de Antonio, le dice: ¡Hermana!, écheles agua a esas plantitas porque ellas se van a quejar en el día del juicio de que usted no les echó agua, las tenían muriéndose. Y así le decía, porque Él hablaba así. ¡Pero hermano!, siempre le echo agua y no florecen. ¡No sé qué pasa!
Esther Tasso: Estaban marchitas, y en realidad paraban marchitas.
Enrique del Pino: Todos lo hemos visto porque circulábamos todos los días por ahí. Y Él mismo hermano Luis nos relata, porque hubo un día, no sé cómo llego…
Esther Tasso: Sí, todos llegamos y era una belleza. Todo floreado, verdecito, ¡pero bien verdecito!, así como… ¿qué le podría decir…? ¡Brilloso!
Enrique del Pino: Cómo si lo hubieran lavado, le hubieran echado agua.
Esther Tasso: Sí, pero verde. Y las flores, ¡qué bonitas!, color fucsia, amarillas…
Enrique del Pino: Blancos, rojos.
Esther Tasso: Sí, blancas. O sea, todo floreado, todo el macetero, porque…
Claudia Rodrígues: Todo colorido. A mí me encantan las flores, me gustan mucho.
Enrique del Pino: Yo llegué y mira: Eso ha sido Claudia de un día para otro.
Esther Tasso: Sí, de un día para otro nomás.
Enrique del Pino: Yo llegué y dije ¡Ah!, ¡qué bonito que el hermano ha comprado plantitas para poner…! Yo pensé que era el hermano Antonio…
Esther Tasso: Pensábamos que habían sacado todo eso y habían vuelto a plantar.
Enrique del Pino: Que habían comprado…
Esther Tasso: Porque de un día para otro ya estaba así, bonito.
Claudia Rodrígues: ¡Y eran las mismas!
Esther Tasso: ¡Ajá! Y eran las mismas. Cuando nosotros hablábamos eso y el hermanito ahí es que explicó. Explícale a la hermanita.
Enrique del Pino: Entonces, agarró y le preguntamos: ¡Hermano!, ¡qué bonitas que están las flores ahí!, ¿quién ha sembrado eso? No —le dice— Cuando yo pasaba por acá veía los geranios, y les decía a los geranios de que cómo es posible que ellas estén secas y marchitas si el hijo de Dios… No, el Enviado de Dios pasa todos los días… No, el Padre pasa todos los días —le dice—. El Padre pasa por acá todos los días, ustedes deben de florecer. Y el mismo Enviado lo relata en ese momento. ¿Puedes creer Claudia que de la noche a la mañana?
Esther Tasso: ¡De un día para otro, florido!
Enrique del Pino: Y estuvo todo el tiempo, todo el tiempo, durante el tiempo que Él estuvo ahí en Lince. Mira, que fue otra experiencia que vivimos. O sea, ¿qué deducimos de esto? de que Él en realidad era un ser divino. Cosas así, extraordinarias, no las hace cualquiera. Y la otra que te voy a contar, otra experiencia, que ahí sí pude conocer lo que es la telepatía. Recién pude vivir la experiencia de lo que es la telepatía. La telepatía es muy diferente al léxico que nos comunicamos nosotros a través de los labios, es muy diferente la telepatía. La telepatía no es a través de nuestros oídos, es mental, es como decir, que alguien te habla en estéreo.
Claudia Rodrígues: Sí, es verdad. A mí ya me ha sucedido eso varias veces. Es algo que no se consigue explicar.
Esther Tasso: Exacto.
Claudia Rodrígues: Yo lo paso de vez en cuando y me quedo sin saber si alguien supiera, o toda la gente de la humanidad supiera lo que es esto, que muchos quedarían locos porque es tan diferente de lo que nosotros conocemos que no tenemos como explicarlo, porque es una cosa de dentro y no de fuera. Entonces yo considero como si fuese un sueño, como nosotros escuchamos cuando estamos en sueño. Entonces será, más o menos para explicarlo, será así, solo vivenciar la experiencia, ahí vas a ver lo que realmente es. Y yo creo que a muchas personas ya le ha pasado eso, pero tal vez piensen que es de su pensamiento, de su cabeza, y muchas veces no es, es algo que ellas reciben la comunicación que va hasta aquí dentro [señala su cabeza].
Esther Tasso: Esas experiencias son muy maravillosa hermana.
Enrique del Pino: Entonces te sigo contando. En ese entonces, en ese tiempo, había una propaganda que pasaban por la televisión de una conocida marca de chicles. No sé si por allá, por Portugal se conoce.
Claudia Rodrígues: Chicle Adams.

Schultz, de nacionalidad chilena, durante un comercial de chicles Adams realizado en 1977 en Perú (Captura de pantalla de video de YouTube)
Enrique del Pino: Chicle Adams. Acá en Latinoamérica, acá en Perú le dicen chicle Adams. Entonces, había otro chileno que había trabajado con el hermano Luis Antonio Soto Romero en el Canal 3 de Antofagasta, ahí en Chile, y este apellidaba Schultz —este personaje—. Entonces, el hermano Luis lo veía por la televisión, pero, ¿cómo es el asunto del video? Él salía manejando un carro convertible, abierto, entonces él iba manejando por la pista —a la vereda — y él iba con la cajita de chicles, y pasaban caminando con las personas en el carro, entonces él movía la cajita y sonaba la cajita de chicles, entonces subían muchachas, también subían hombres. Y entre ese video subió una señorita que yo la conocía en el lugar donde yo trabajaba. Entonces yo le digo… El hermano Luis siempre comentaba que él era Schultz, que era un compatriota del hermano Luis que había trabajado con Él en el Canal 3 de Antofagasta, y que cómo quisiera comunicarse con él. Entonces yo le digo: Pero hermanito, yo la conozco a la chica que sale ahí, yo la conozco. ¡Ah!, entonces hermano, pregúntele por Schultz, pregúntele dónde lo puedo ubicar a Schultz, necesito conversar con él. ¡Ah!, ya hermano, le voy a preguntar. Y justo en el centro comercial, donde yo trabajaba en ese entonces, ella tenía un cafetín, a la hora del refrigerio voy y me le acerco, la saludo a la muchacha, creo que se llamaba Silvana, no me acuerdo. ¡Hola! —le digo— ¡cómo estás! ¡Hola! Le digo: ¿Tú sales en la propaganda de chicles Adams? Sí —me dice—, sí, hubo una oportunidad de hacer ese video —me dice— salí en ese momento. Pero hay un personaje que maneja el carro —le digo— no se si lo conoces, él es chileno y él apellida Schultz, pero… Me estoy adelantando, quise decirte: Le dije al hermano que iba a averiguar lo de Schultz, que le iba a preguntar a esta muchacha —eso me había olvidado de comentar—. Entonces, yo me voy a descansar y en la madrugada, como a las 5:30 6:00 de la mañana Él me habló. Ahí es donde pude vivir la experiencia de la telepatía, y me dijo: Hermano, ¡Schultz, Schultz, Schultz! Ahí lo escuché por telepatía. ¡Yo me he levantado porque yo he pensado que Él estaba ahí en mi delante!, ¡y he abierto mis ojos! —porque estábamos en un cuarto con Facho, ahí donde nos hospedábamos— me he levantado pensado que Él estaba en mi delante, y ahí pude vivir la experiencia de lo que es la telepatía: ¡Schultz, Schultz, Schultz!, me lo repitió tres veces, pero lo sentí dentro de mi cerebro y fuerte. Ahí pude vivir lo que es la experiencia de la telepatía. O sea, ahí ya pude deducir que es muy diferente a la telepatía que verbalmente… o el léxico que utilizamos para comunicarnos nosotros, es muy diferente la telepatía al léxico que usamos comúnmente nosotros los seres humanos. Entonces, ya me levanté —y como te digo, te sigo contando— fui a buscarla a la chica esta, la saludé a Silvana y le digo: ¡Hola!, ¿tú sales en la propaganda de chicles Adams? ¡Ah si!, hubo la oportunidad y se hizo ese video. Le digo: Mira, hay un señor que maneja el convertible, él apellida Schultz, no sé si lo conoces. ¡Ah!, Sí, si sé de Schultz —me dice—, pero, ¿qué pasa?, que ese video se ha hecho por partes, entonces, sí pude conocerlo a Schultz. Le digo: Yo quisiera que me des información, dónde vive, dónde lo puedo encontrar, porque hay un compatriota de él que quiere conversar con él. Me dijo: Mira, yo la verdad que no sé, ya cuánto tiempo fue, ellos vinieron acá y me invitaron para hacer el video, pero ese video se hizo por separado —me dice— porque ellos —me explicó algo así como que ellos filman el video en una parte y después lo van encajando, no sé, quizás tu conozcas de eso. Y así fue —me dijo— pero la verdad es que no sé de este personaje —me dice— de este tal Schultz. ¡Ah! —le digo— porque esta persona desea hablar con él, es su compatriota, también es chileno. No te puedo dar razón Enrique —me dijo— sino con gusto. Ah, ya Silvana, gracias —le digo—. Pero voy a tratar de ver por ahí, si sé algo te aviso. Bueno, quedó ahí. Regresé a casa y fui como siempre donde estaba el hermano Luis —iba todos los días— subí a saludarlo y le digo: Hermanito, fui donde la persona que conocía a su compañero de trabajo le dije— al señor Schultz, y no me dio razón, dice que el video se filmó por separado, y que en realidad nunca lo vio a Schultz —me dijo—. ¿Ah sí?… Pero que sí lo conocía, me dijo. ¡Ah! —me dice— Ah ya hermano, lo sabía —me dice— pero tenía que pasar usted la experiencia —me dice—. ¡Ah, ya! Eso fue todo. Pero como te digo, ahí pude vivir la experiencia de lo que es la telepatía. Es maravilloso eso [ininteligible] la telepatía.
Claudia Rodrígues: ¿Y hasta los días de hoy tienen experiencia con esa telepatía con Él, o eso fue cesando con el tiempo?
Enrique del Pino: No, ya no. No volvimos a tener esa experiencia con Él.
Esther Tasso: Parece que no lo habremos pedido, pero en el tiempo que estuvimos con el divino Enviado era muy agradable estar a su lado. Él emanaba… su energía de Él era de amor. Nosotros, cuando nos reuníamos con Él, salíamos a la calle amando todo, amando los pastitos, todo, todo, con un amor grande hermana, salíamos, pero ¡uy!, muy felices, con esa energía de Él, del divino Enviado. Una experiencia muy bella, muy bella.
Enrique del Pino: Es que Él nos decía que todo era viviente, todo tiene vida, que todo lo que vemos a nuestros ojos, a nuestro alrededor, las plantitas, los animalitos todo, por todo eso hemos ido pasando, hemos pasado todo, no hay nadie que no haya pasado por eso, sino que ya hemos ido reencarnando, avanzando y evolucionando, y ahora somos seres humanos, más adelante ya seremos ángeles, arcángeles, serafines…
Esther Tasso: Hasta llegar a ser primogénitos, que vamos a llegar a eso, vamos a llegar.
Enrique del Pino: Entonces salíamos con un cariño, un amor a todo.
Esther Tasso: Amábamos todo hermana, maravilloso, eran tiempos muy, muy bellos. Ahora, quería decirle también, que su rostro del divino enviado tenía un brillo, acá se nota [señala un afiche de él colgada en la pared].
Enrique del Pino: Él brillaba.
Esther Tasso: Él brillaba, o sea, su rostro era así, natural. Tenía un brillo, un brillo muy bonito en el rostro. Su rostro de Él siempre fue diferente al de nosotros los seres humanos. Totalmente diferente.
Enrique del Pino: Mira, acá sus orejitas, sus oídos terminan en punta [señala].
Claudia Rodrígues: Sí, sí, sí.
Esther Tasso: Y si usted observa bien la foto —si se podrá observar—, aquí se forma un cordero [señala su rostro], acá a los costados. O sea, esta es la pierna y acá se ve la parte del cuerpo y para acá ya se ve que termina, pero se forma en ambos lados de su cara.
Enrique del Pino: Yo lo vi brillar justo acá [señala la parte alta de su cabeza], la parte de acá que le vi brillar a Él. Cuando me choqué con Él lo vi brillar.
Esther Tasso: El hermanito, cuando estaba delicado —mi hermana es enfermera, mi hermana Carmen Tasso— entonces ella le pidió al divino Enviado vivir a su lado, estar a su lado en ese tiempo. Entonces, el divino Enviado le permitió que ella vaya a vivir ahí. Pero en ese tiempo el hermano recién empezaba su problema, su problema de salud. Entonces, mi hermana, como trabajaba en el Cayetano Heredia, en un hospital de acá, estatal, se llama Cayetano Heredia, ella se compromete y lo lleva al divino Enviado para que lo atiendan allá. El médico que lo atiende al divino Enviado, le manda hacerse, un chequeo prácticamente, le mandó un electrocardiograma y chequeos, o sea análisis. Entonces, lo lleva mi hermana, cuando los médicos le van a tomar el electro, en la máquina salía una raya.
Enrique del Pino: En el electrocardiograma una raya.
Esther Tasso: Ajá. Entonces, no salía…
Enrique del Pino: Lo normal, que es así [hace signo de subir y bajar].
Esther Tasso: En ondas que sale, y también en picos. No, en Él era una raya. Los médicos se quedaron impactados mirando, y lo miraban —dice—, al divino Enviado, y miraban el electro y decían: Pero, ¿qué pasa?, acá nos marca que Él está muerto, ¡pero Él está vivo!, ¡está tranquilo y sentado ahí!, ¡qué pasa con la máquina!, —decían los médicos—. Entonces dijeron: ¡No, no, no!, esta máquina debe estar malograda. Piden otra. Vienen, le traen la otra máquina, de nuevo lo mismo, una raya. Y decían: Pero… ¡¡No puede ser!! ¡¡Acá figura que Él está muerto!! ¡¡Pero está ahí bien sentadito!! ¿Qué? ¡¡No!!, las máquinas están malogradas. Dieron a entender… que realmente lo que Él era. Quedó así. Después le sacaron una radiografía de su cuerpo, y cuando ven la radiografía, su constitución física de Él era diferente a la nuestra, sus huesos también, la constitución de sus huesos. Cuando ellos los miran, dicen: ¡¡Qué!! ¡¡Pero esto qué es!! ¡¡Es un extraterrestre!! Y lo miraban.
[Risas]
Enrique del Pino: Incluso cuando le estaban haciendo el electrocardiograma decían… Bueno, acá vulgarmente se dice así: Si esta persona es [ininteligible] acá en el Perú dice así: Este pata, o esta persona, este pata. Eso lo escuchó tu hermana, tu hermana Carmen cuando estaban reunidos…
Esther Tasso: ¡¡Este pata debería estar muerto, pero está vivo!!
Enrique del Pino: O: ¡Este es extraterrestre! ¡Este no es normal!
Esther Tasso: Y peor cuando vieron todo su cuerpo, peor le decían: ¡¡Qué!! ¡¡Pero este es un extraterrestre!! Y lo quedaron mirando, no le decían nada a Él. Entonces, todo eso quedó ahí. Entonces mi hermana, a la semana más o menos, ella quiere sacar todo, toda esa información. Entonces va al hospital y pide, pide que si le podrían autorizar a ella sacar —porque ella era enfermera—, pero no le permitieron. Entonces, ella habló con la que cuidaba ahí las historias y le dijo que le permitiera poder revisar, por lo que ella lo llevó y todo eso. Entonces mi hermana entró, empezó a buscar esa historia: Desaparecida.
Enrique del Pino: Sí pues, desapareció toda la información de Él.
Esther Tasso: Toda la información de Él no existe en el hospital, desapareció. Entonces, nosotros preocupados le preguntamos al divino Enviado que por qué había sucedido eso.
Enrique del Pino: De la línea recta, ¿qué nos dijo?
Esther Tasso: Ajá, del electro que salía la línea recta. El divino Enviado nos explicó y dijo —a todos nos lo dijo, a todos los que estábamos ahí— nos dijo que: Los médicos, de acá de Perú, habían pedido que Él venga —el divino Enviado, o sea, el primogénito solar— que venga acá, a este país con la enfermedad del cáncer, que ellos se comprometieron curarlo e inmediatamente reconocer quién era y anunciarlo al mundo. Pero nada de eso ocurrió. Dijo: Cayeron en sus pruebas.
Enrique del Pino: Pero no le has explicado a Claudia de por qué dijo el Enviado la línea recta, lo que le preguntó Carmen.
Esther Tasso: ¡Ah, sí!, porque se le preguntó de la línea y el divino Enviado dijo que: Línea recta significaba que había un equilibrio, pero el vaivén de nosotros es desequilibrio.
Claudia Rodrígues: ¡Ah!
Enrique del Pino: Lo que sale así [hace el vaivén con la mano] significa desequilibrio, línea recta es equilibrio.
Esther Tasso: Que salgan en picos es desequilibrio. Lo correcto es que sea una línea recta, que eso es equilibrio —nos dijo así.
Claudia Rodrígues: Es increíble, porque para nosotros aquí [hay una breve interrupción] el fin de línea, ¿no?
Esther Tasso: ¡Claro!, pero esto es una enseñanza superior a todo que viene un conocimiento del reino acá a la tierra. Entonces no está explicando el Padre lo que realmente es lo correcto, lo que debería de ser.
Claudia Rodrígues: Claro que sí.
Esther Tasso: Y nos quedamos pensando nosotros. Y no se cumplió lo que debería haber sucedido, no se llegó a cumplir. Entonces, su enfermedad siguió su proceso hasta que Él desencarnó. Acá viene lo más maravilloso para mí, porque yo fui la que lo vi. Cuando Él fallece…
Enrique del Pino: ¡Ah, cuando está en el ataúd! Eso también fue maravilloso.
Esther Tasso: Sí. Yo estaba ahí sentada, y en eso yo me acerco al ataúd y lo miro, ¡era el vivo rostro de Cristo!
Enrique del Pino: Le había crecido la barba.
Esther Tasso: Le había crecido el cabello, le había crecido la barba. ¡Era el vivo rostro de Cristo!
Claudia Rodrígues: ¡Wow!
Esther Tasso: ¿Por qué le digo el vivo rostro de Cristo? Porque mucha gente dice: ¡No! ¡Qué Él no fue blanco!, ¡que Él no tuvo ojos azules, ¡que Él fue negro!, ¡que Él fue indio!, ¡que fue esto!, ¡que fue el otro!, porque todo el mundo dice eso. Entonces siempre me dicen: ¿Y tú como puedes saber si realmente Él es Cristo?, ¿por qué? Porque yo tuve una experiencia de niña, de más o menos entre los 4 a 5 años, que mi mamá me enseñó a orar. Nosotras la esperábamos a mi mamá en la parte de atrás de la casa, que había unas chacras —donde sembraban, sembrío, campo—. Entonces, había unos troncos ahí en el patio y nosotras, yo y mi hermana, nos sentábamos ahí. En ese momento nos acordamos de lo que mi mamá nos enseñaba a orar, mi mamá nos decía que Él era Papá lindo, que era la forma que mi mamá nos enseñaba a nosotros. Como mi mamá tenía su cuadro, lo tenía ahí a Jesús y también tenía de María, entonces nosotras lo veíamos en los cuadros, y en eso nosotras estábamos así, pensando, justo coincidió que las dos estábamos pensando las oraciones que mi mamá nos hacía orar, en esos momentos, así nos quedamos [ver si hace ademán], en ese momento que estábamos así, vi como una crucecitas [cruces] que bajaban de arriba, bastantes crucecitas bajaban, y cuando llegaron al piso esas crucecitas se transformaron en Jesús. Igual sucedió en el lado de mi hermana y esas crucecitas se transformaron en María, que sabemos que es la madre Omega. Entonces, estaba Cristo para este lado, lado que yo estaba, y la madre Omega al lado de mi hermana. Cuando yo lo he visto, cuando yo he mirado así —chiquita—, lo he visto vestido así, con su ropa de Él, blanca, y encima, o crema, algo así, y encima tenía como algo así puesto de color conchevino. Él abre su brazo así [hace ademán] —de lo que estaba acá, abre el brazo así—, y cuando levanta la mano le veo el hueco acá [señala su palma]. No como dicen acá [señala su muñeca], acá no, en medio de la palma de la mano, ahí yo le he visto, le vi el hueco, se veía un hueco ahí. Y me quedé mirándolo cuando Él hizo así la mano, y se veía el hueco. Y cuando le miré a su pecho, a través de su ropa, se veía su corazón que palpitaba, y todo el borde era de color dorado [hace un corazón con las dos manos], brillante así, todo el borde. ¡Qué bonito! Pero eran como unos fueguitos, como si fuera fuego a todo alrededor, pero [ininteligible] se movía, y yo lo quedé mirando y yo dije: Él no se quema, eso no quema, no le quema, no le hace daño. Porque yo pensaba que se va a quemar… Como uno es niño, ¿no? Y lo quedé mirando así, y lo vi así, lo vi así. Y en ese momento, como yo lo vi, yo dije: ¡Papa lindo! —en mi mente— ¡Es Papa lindo! —dije— o sea en mi mente. Entonces, ellos a nosotros —mentalmente, porque desde ahí ya yo sentí la telepatía—, mentalmente Él nos dijo, igual que María: Vamos a orar.
Enrique del Pino: ¿Y cómo era maría?
Esther Tasso: ¡Era una mujer bella!, ¡joven!, y su rostro de ellos, su piel, ¡no era humana! El color, la textura que se les veía…
Claudia Rodrígues: ¿Así como de porcelana?
Esther Tasso: Ajá, así de porcelana. ¡Y yo le vi los ojos celestes a Jesús, sus ojos eran celestes! No pude ver bien a la madre Omega porque la vi de costado, pero si pude notar…
Enrique del Pino: ¿Y su pelo?
Esther Tasso: No. Estaba con una toga —creo que es— o sea, cubierto todo alrededor, así como las monjas, todo así, cubierta, y era de color celeste que le caía, era blanco y celeste. Y de Jesús era blanco también, pero encima tenía así [señala algo puesto encima del pecho], como conchevino era su color.
Enrique del Pino: ¿Y su cabello de Cristo?
Esther Tasso: Su cabello era así, un castaño, así bien… no era castaño, castaño no, sino oscuro, castaño bien oscuro, su cabello era largo y en ondas que llegaban acá más o menos [señala bajo por la clavícula].
Claudia: ¡Qué detalles!
Esther Tasso: En ese momento, cuando nos dicen: Vamos a orar, hemos sentido su abrazo de ellos, de los dos [hace ademán de abrazar]. Entonces, nosotras cerramos los ojos y nos quedamos así, que sentíamos su abrazo de ellos. Y cuando en eso hemos abierto los ojos ya no estaban.
Enrique del Pino: ¡Qué lindo!
Esther Tasso: Entonces lo vi, y cuando yo he visto, —lo he visto en el ataúd— le he visto el mismo rostro, el mismo rostro le he visto, el mismo color de su cabello, igualito, igualito. Y entonces, cada vez que yo me acercaba e iba a verlo, cambiaba las facciones…
Enrique del Pino: ¡Las facciones! ¡Era algo increíble!
Esther Tasso: A Él no se le veía como se ve a la gente cuando fallece acá, que se ve un rostro de dolor o de sufrimiento, no… [hay una breve interrupción] …estuviera en una paz. Después se le veía como sonriendo, después se le veía pensativo, después alegre. Iba cambiando sus facciones.
Enrique del Pino: Eso es lo que —ahorita que hablas de esto— a mí me causaba impresión ver cómo cambiaba su expresión dentro del ataúd. Es que no sé, algo había que nos atraía ir a ver al ataúd. En un momento estaba en una paz, pero, ¡qué paz!, en otros momentos estaba como pensativo, en otros momentos se le veía sonriente, ¡cambiaba su expresión dentro del ataúd!
Esther Tasso: Su rostro. Sí hermanita.
Enrique del Pino: ¡De verás! Era algo increíble. Todas esas experiencias que hemos vivido no podemos ponerle… poner en tela de juicio, era en realidad un ser divino.
Esther Tasso: Era Cristo. Para mí Él es Cristo, Cristo Solar es, es el Cristo Solar.
Enrique del Pino: Y por el conocimiento que ha dejado también.
Esther Tasso: Y Él nos decía que nosotros… vemos, vivimos, experimentamos con las divinidades, nos decía que nosotros no tenemos que callar. Que nosotros tenemos que comunicarlo, porque si nosotros callamos vamos a tener juicio. Eso es lo que nos decía, las experiencias eran para anunciarlas y compartirlas, eso es lo que nos decía Él. Eso es lo que nosotros nos hemos comprometido de cumplir con anunciar la expansión de la divina escritura, es para que la estudien, la escudriñen, porque estamos pendientes de un juicio final, que no nos sorprenda ignorantes.
Enrique del Pino: Si pues. Ver la cantidad de rollos que escribía, le hemos visto escribir. Yo le he visto escribir.
Esther Tasso: ¡Uf!, le hemos visto escribir, dibujar a diario.
Enrique del Pino: Él estaba escribiendo el rollo y te estaba mirando a los ojos.
Claudia Rodrígues: ¡Wow!
Enrique del Pino: Decía: ¡Hermano!, ¡cómo está!… —por acá por allá—, y Él seguía escribiendo.
Esther Tasso: Y también pintaba.
Enrique del Pino: Y pintaba. Nadie puede hacer eso.
Esther Tasso: Con sus colores, con los mismos colores que utilizamos, con los mismos, con esos colores, con su algodoncito, y Él iba pasándolo en los dibujos, y quedaban así, tan maravillosos los dibujos, ¡qué bonitos! ¡qué belleza!
Enrique del Pino: Descifró también parte de los mensajes de las Líneas de Nazca y de Ica, de las Piedras de Ica. Allá hay, hay rollos que los ha descifrado…
Esther Tasso: Acá hay bastante conocimiento hermana, bastante conocimiento, pero no se debe comerciar. Esto no se tiene que comerciar, como lo están haciendo, lo siguen haciendo muchos hermanos, dentro de ellos está el grupo de Córdova…
Enrique del Pino: Eudelio.
Esther Tasso: Del que fue Antonio Córdova, que ellos están comerciando con esta divina escritura, y esta escritura no ha venido para eso, sino para compartirlo con la humanidad, para estudio, para estudiarlo a profundidad. Esto no ha venido para que se comercie ni para que la gente viva de esto. No.
Enrique del Pino: Después, otra experiencia más que quería contarte: Un día —ha sido un sábado, porque yo trabajaba de lunes a viernes y sábado descansaba—. Entonces Él se iba a la peluquería, Él decía que el hombre tiene que tener el pelo corto y el pelo largo es para la mujer, la mujer pidió el pelo largo. Como decía: La melena pidió la mujer y el hombre tiene que tener el pelo corto, porque eso se paga el día del juicio si el hombre tiene pelo largo.
Esther Tasso: Porque lo hemos pedido.
Enrique del Pino: Yo decía: Pero hermanito, ¿si en la época antigua se usaba…? ¡Ah!, esos fueron otros tiempos, fueron otras leyes [hay un corte] …la tijera, y qué sé yo, para cortarse el pelo, el ser humano tiene que cortarse el pelo.
Esther Tasso: No. Son más que nada por los pedidos, se ha pedido eso, se ha pedido el pelo corto y la mujer el pelo largo.
Enrique del Pino: Entonces, me dice: ¡Hermano! —estábamos con Él ahí— ¡Hermano!, acompáñeme a la peluquería! Bueno, vamos. Y nos fuimos conversando y me hablaba de la Ciencia Celeste, de las maravillas que el Padre le dictaba, porque Él tenía comunicación telepática con el divino Padre, y aparte de eso nos leía la mente a nosotros, podíamos sentir cómo nos leía la mente, podíamos sentirlo.
Esther Tasso: Sí hermana, era bien fuerte. Él te miraba aquí [señala la parte alta de su cabeza] y movía los labios y miraba hacia arriba, o sea, estaba hablando con el Padre y estaba conversando con nuestro espíritu.
Enrique del Pino: Tenía comunicación permanente con el Creador.
Esther Tasso: Y Él hablaba, o sea, sus labios se movían y miraba arriba y [nosotros] mirábamos… No teníamos los ojos para verlo. Pero sí Él… veíamos que Él hablaba con el Padre.
Enrique del Pino: Y cuando nos leía la mente sentíamos como… es como quién: Yo sé todo lo tuyo. Te sentías así, te sentías desnudo —por decir— como decir que yo sé todo lo tuyo. Sentíamos esa sensación
Esther Tasso: Sí. En el momento que nos miraba sentíamos que estábamos totalmente desnudos espiritualmente, que daba ganas de ¡uf!, meterse debajo de la mesa.
[Risas]
Esther Tasso: Es la sensación que sentíamos porque estaba conversando con nuestro espíritu.
Enrique del Pino: Incluso, a veces, Él conversaba y se daba —generalmente seguido siempre se daba— que tu estabas pensando… [hay una interrupción] porque había personas que iban a visitarlo… [otra interrupción] repartíamos folletos, volantes, invitando para que vean los rollos. A veces, por ejemplo, yo quería hacerle una pregunta a Él, no podía porque los demás hermanos preguntaban, sobre todo las personas que llegaban por primera vez. Siempre nos decía que cuando lleguen las personas, por primera vez, que tratemos de no interrumpir porque llegan por primera vez y tienen deseos y ansiedad de saber.
Esther Tasso: Que le diéramos la preferencia.
Enrique del Pino: ¡Claro! Entonces, yo quería hacer una pregunta —estaba que pensaba y pensaba— justo al poco instante —te digo a los 5 minutos— comenzó a hablar sobre lo que yo quería preguntarle y le digo: ¡Pero hermano, hermanito, justo eso yo le iba a preguntar, sobre lo que usted está comentando! ¡Ah! —decía—, es que el Padre se adelanta a los acontecimientos. ¡Nos leía la mente!
Esther Tasso: Después él —como somos jóvenes— él tenía su cajetilla. Tú fumabas, tenías tu cajetilla de cigarros, ero estabas con su chompa encima, ¿qué te dijo?
Enrique del Pino: ¡Ah!, eso fue la primera vez cuando recién lo conocí, yo fumaba cigarros y me gustaba en especial, en ese entonces, fumaba la marca Winston, pero ese día yo no había fumado ni tenía olor a tabaco y estaba con mi casaca porque era invierno y se notaba que yo estaba con la cajetilla en el bolsillo de mi camisa, y decía, entre conversación y conversación, dijo: Hermano, el tabaco…
Esther Tasso: El Padre dice…
Enrique del Pino: Sí, el Padre dice que el tabaco no es bueno porque usted intoxica sus poros y les está haciendo daño, y esos poritos el día del juicio se van a quejar ante el Padre, y eso va a ser un obstáculo para que usted pueda avanzar y evolucionar, difícilmente va a entrar al reino de los cielos porque el vicio no es de Dios, el vicio es de las tinieblas, así que, hermano, deje de fumar. Y En ese momento: ¡Claro hermano!
Claudia Rodrígues: Ha sido una lección muy importante para usted [risas].
Enrique del Pino: Pero eso fue la primera vez, ahí todavía no nos dábamos cuenta de que Él nos leía la mente, nos leía todo, todo. Bueno, te sigo contando, entonces me dice: Vamos a… acompáñeme a la peluquería. Fuimos, lo atendieron, y justo al peluquero le comenzó a hablar sobre la Ciencia Celeste, sobre los divinos rollos, conversaba con él. Terminó de cortarle el pelo y estábamos regresando —porque estaba a una cuadra— cruzamos el parque y en ese momento pasó un avión bajísimo, que parecía que el avión se iba a estrellar.
Esther Tasso: Inclusive se pudo leer que decía Fuerza Aérea.
Enrique del Pino: Sí, decía Fuerza Aérea del Perú. ¡Uy!, yo pensé que se iba a… Me llamó la atención porque pensé que se iba a estrellar. ¡Hermano!, ¡ese avión!, ¡mire, se va a estrellar! No —me dice— no es un avión, es una divina nave que ha pasado. Pero hermano, ¿así como avión? ¡Ah!, es que ellos toman la forma de esas naves.
Esther Tasso: Para no interferir en nuestra vida porque ellos respetan.
Enrique del Pino: Ellos no interfieren en la vida cotidiana, porque si ellos interfieren automáticamente tienen un juicio ante el Creador —me dice—, es una nave que ha pasado, me han saludado porque yo tengo comunicación permanente con el Padre Eterno —como ya usted lo sabe hermano— y con los hermanos solares de los platillos voladores. Y es una nave plateada que había pasado [risas].
[Hay un corte]
Esther Tasso: Entonces, es un conocimiento muy amplio e infinito, porque todo lo que viene del Padre Eterno es infinito, y se comprende muchísimo y se puede entender mejor al mundo.
Claudia Rodrígues: Claro que sí.
Esther Tasso: Nos ayuda a prepararnos.
Enrique del Pino: Incluso hasta un niño lo puede entender.
Esther Tasso: Sí, decía eso. Hasta un niño lo entiende mejor que nosotros los adultos.
Enrique del Pino: Es muy bonito, muy maravilloso, y te descifra todos los acontecimientos o todas las parábolas que están escritas en el evangelio. Por ejemplo, no sabíamos quién era la bestia, no sabíamos quién era la gran ramera, los jinetes del apocalipsis, no sabíamos, y gracias a este conocimiento supimos. Y nos decía el hermanito… hablaba de la bestia: Hermanito, ¿y quién es la bestia? —decíamos—. Dice el Padre, decía: Bestia es todo aquel que hace uso o se vale de la fuerza para lograr sus objetivos. ¿Y quién es el país que hace uso de la fuerza en este mundo? Y todos al momento: Estados Unidos.

¿Y quién es el país que hace uso de la fuerza en este mundo? Y todos al momento: Estados Unidos…
Enrique del Pino: Estados Unidos es la cabeza de la bestia, y esta profecía que está escrita en el Apocalipsis 13, como la gran bestia, lo representa Estados Unidos en este tiempo. En el tiempo antiguo, quien representó a la bestia fueron los faraones, y después pasaron a ser los romanos. Entonces, en este momento es la bestia, por lo tanto, la bestia viola los mandamientos, en especial el sexto mandamiento que dice: No matarás, y le da la contra a todas las enseñanzas de Jesucristo, y todo aquel que le da la contra a las enseñanzas [ininteligible] de Cristo para a ser un anticristo. Igual decía: ¿Quién es la ramera? La ramera es la iglesia católica porque prostituye los mandamientos y… ¿cómo le llaman al bautismo, como le dicen a eso…?
Esther Tasso: Los sacramentos.
Enrique del Pino: Y prostituye los sacramentos porque cobra, cobra por una misa de difuntos, cobra por un bautizo, cobra por realizar un matrimonio, y eso no se debe hacer —decía—, y la ramera con la bestia están en combinación para manejar el mundo. Mira, todas esas cosas Él nos enseñaba.
Esther Tasso: Y decía que había tres yugos en el planeta, que eran el capitalismo, las religiones y el militarismo, son los tres yugos del planeta. Y nos enseña de que el demonio se encuentra en el sistema de vida. O sea, demonio se le dice por lo que le dan la contra al Eterno y hace caer sus las criaturas, a todos nosotros nos hace caer… [hay un corte] Cosas maravillosas hermana, que usted lo analiza y es lo que es. No puede decir: No, no. ¡Es!
Enrique del Pino: Igual, los jinetes del apocalipsis. ¿Quiénes son los jinetes del apocalipsis? Las fuerzas armadas, el armamentismo, esos son los jinetes del apocalipsis.
Esther Tasso: Después del Armagedón. ¡Creíamos que era un monstruo!
[Risas]
Esther Tasso: El Padre explica que es la guerra de ideas.
Enrique del Pino: La guerra del Armagedón.
Esther Tasso: Sí, la guerra del Armagedón, que es la guerra de ideas, o sea, lo que está sucediendo, lo que sucede, que hay una lucha, hay una lucha entre la luz y las tinieblas, está esa lucha ahí, ese es el Armagedón, gente que se arma con sus ideas, ¿por qué?, porque ya no nos dejamos engañar, ya nos damos cuenta de la realidad, de lo que está sucediendo, y podemos definirlo y decir: ¡Es esto!
Enrique del Pino: Igual nos decía Él: Lo común, lo igualitario es de Dios, y en el reino de los cielos se vive el comunismo celestial con filosofía de niño. Decía: Lo desigual no es de Dios. ¡Está escrito!, el rico está condenado —decía— ahí tienen la parábola de Cristo del camello y la aguja: Es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja a que un rico entre al reino de los cielos. ¿Qué quiere decir?, que la criatura tenía que comparar, incluso su sistema de vida, si era o no del agrado de Dios. Entonces, la criatura tenía que haber deducido cuál es el sistema que produce ricos. ¡El capitalismo! Entonces, ¿cuál era la prueba del ser humano?, que el ser humano tenía que combatir este sistema y buscar un sistema justo e igualitario. Y decía: Y se los voy a demostrar —nos decía a todos—, en el evangelio dice, dice el Padre, a través de sus profetas y de Cristo, dice: Busquen la justicia y la igualdad. Está hablando el Padre de justicia y de igualdad, y lo demás os será dado por añadidura —dice—. También dice: Todos son iguales en derechos delante de Dios. ¿Qué está hablando el Padre?, de igualdad y de derechos. Está bien claro en el evangelio —decía— pero la ramera lo oculta, no dice la verdad, habla de todo menos de esas cosas, lo tuerce.
Claudia Rodrígues: Ahí cada uno ya tiene que seguir su dirección y ver la verdad, cada uno tiene que buscarla y saber distinguir el bien y el mal.
Enrique del Pino: Era maravilloso hablar con Él, aprendimos bastante.
Esther Tasso: Por eso es que Él recomendaba el estudio individual porque no tienes influencia de nadie. Estudien sin influencia de nadie, por eso decía: Estudio individual.
Enrique del Pino: Y decía, justamente —refiriéndose Esther a eso— que ahí está escrito, en el evangelio dice: Ciegos guías de ciegos, porque si un ciego sigue a otro ciego ambos caen en el hoyo. Entonces, ¿qué es lo que tenía que hacer —decía— cada espíritu o cada ser humano?, leer el evangelio en casa individualmente y no ir a la iglesia porque el pastor, o el sacerdote, ya ellos ya vienen —como te puedo decir—, ya los programan a ellos para que digan ciertas cosas que no son las enseñanzas de Cristo que están en el evangelio. Entonces, es preferible —nos decía— que cada ser humano lea el evangelio por su cuenta y saque sus propias deducciones, que eso tiene más mérito ande Dios.
Esther Tasso: El estudio individual, por eso decía: El estudio individual. Y sabemos de que las divinas naves son creación de nuestro Padre Eterno. Se comprueba con las experiencias del divino Enviado —que venían a verlo— y la comunicación constante que tenía el divino Enviado con el Padre, y también con hermanos de las divinas naves, ellos son parte de la creación de Dios. Se le tiene que dar primero importancia a Dios, al Padre Eterno, y después a su creación. Pero lamentablemente —como le digo— ese grupo de Lince comercia y ha utilizado la ufología, ¿para qué?, para lucrar, sacar dinero, vivir de esta doctrina, y no es así. Esta doctrina no ha venido para ser comerciada, no ha venido para eso, ha venido para que se expanda y todos sus hijos colaboremos en la expansión, porque es una tercera y última doctrina planetaria, y lo importante es que se le estudie y se le escudriñe para que no nos agarre el juicio final ignorantes. Eso es lo que decía el divino Enviado.
Enrique del Pino: Sí pues. Y nos decía: El día del juicio, cuando Cristo venga, dice que nos va a juzgar —dice — un pie, —está incluso escrito en el evangelio— un pie en el mar y el otro en la tierra. Dice que cuando venga el Cristo —nos decía el Enviado— lo más que le podamos ver a Él va ser hasta sus pies —dice.
Esther Tasso: Sí. Sus pies.
Enrique del Pino: Y quizás hasta la pantorrilla más o menos, hasta ahí. Pero no vamos a poderlo ver porque Él, va a ser su brillo tal de Él, que no vamos a poderle ver el rostro. Y ahí es donde Él va a juzgar a vivos y muertos.
Esther Tasso: Y las divinas naves —también nos explica en un divino rollo— que baja su divina nave entre Oriente y la India.
Enrique del Pino: Entre China y la India va a ser a nueva Jerusalén —nos decía.
Esther Tasso: Ajá. Entre China e India, y ahí es donde se va a instalar la Nueva Jerusalén, que Cristo va a convertir la divina nave en la Nueva Jerusalén. Y ahí explica —en el divino rollo— que Él lo podría hacer en un instante, pero para cumplir con las escrituras lo hace en tres días, que la arma en tres días.
Enrique del Pino: Hay una parte en el evangelio que Cristo dice: Yo voy a destruir Jerusalén y en tres días la voy a levantar.
Esther Tasso: La voy a construir.
Enrique del Pino: Y decía: Él lo va a hacer para darle cumplimiento a lo que está escrito en el evangelio, en tres días, pero Él lo podría hacer al momento, al instante.
Esther Tasso: Y dice que es de ahí es que va a juzgar a vivos y muertos, o sea, el juicio final para la humanidad.
Enrique del Pino: Y decía, por ejemplo: Los platillos voladores están escritos en el evangelio…
Esther Tasso: ¡Uy!, van a entrar y salir. Cuando ya Cristo esté acá ¡Uf! La divina… ¡Esto va a ser un ajetreo terrible, grande! Decía que las naves van a entrar y salir, entrar y salir cuando Él esté.
Enrique del Pino: Sí. Y nos decía que está escrito en la Biblia como señales en los cielos, bolas de fuego, carros de fuego, esos son los platillos voladores, las naves plateadas. Sino que, en ese entonces, decía: No iba a entender las personas de ese tiempo que les digan platillos voladores, jamás iban a entender. Ellos lo entendían como carros de fuego, bolas de fuego —les decían a los platillos voladores—. Los platillos voladores todo el tiempo han estado —dice.

Carros de fuego en la Biblia
Esther Tasso: Sí. En el reino se les conoce cono las naves plateadas, en el espacio, en el universo, en el infinito se les conoce como las naves plateadas, sino que el ser humano le ha puesto el nombre de platillos voladores por la forma que tiene y giran. El ser humano le ha puesto…
Claudia Rodrígues: Las formas. Ni todas son redondas, hay muchas…
Enrique del Pino: Toman las formas que ellos deseen.
Esther Tasso: ¡Ah!, claro. Generalmente es la forma… las que entran son generalmente redondas.
Enrique del Pino: Claro, incluso nos decía: En el libro de Ezequiel ustedes pueden ver, ahí claramente el profeta Ezequiel tiene un encuentro con un platillo volador.
Esther Tasso: La Biblia, que son los evangelios, ahí hay bastante conocimiento, sino que lamentablemente el mundo, a través de los religiosos, no permiten que la humanidad lo estudie a profundidad, porque sus ritos, de ellos, es muy monótono, que tu entras a la iglesia, haces los ritos de levantarte, arrodillarte, persignarte y que te hablen ellos, y que ellos te digan, te enseñen. Pero de repente hasta ellos son más pecadores que nosotros, ¿y qué nos van a enseñar?
Claudia Rodrígues: Sí, es verdad [risas].
Esther Tasso: Por eso el Padre manda estudio individual.
Claudia Rodrígues: Claro. Es necesario, claro que sí. Así sabremos toda la verdad con el tiempo y con la dedicación que tenemos que hacer. Tiene que ser así.
Enrique del Pino: Es muy bonito y maravilloso este conocimiento en realidad.
Esther Tasso: Sí, y cuando se compenetra uno con este divino conocimiento ya no lo dejas, ya no lo dejas. Cada vez quiere aprender más, y acá se aprende muchísimo.
Claudia Rodrígues: Sí. Si que es muy bueno, sí. Y yo agradezco por toda la información que me han pasado aquí, por las experiencias que han tenido en primera mano con Luis Antonio Soto Romero [hay un corte] lo he mirado por un buen tiempo, a medida de nuestra conversación, ahí lo tenéis, atrás de vosotros, transmite muchas cosas, solo su imagen, la mirada, es como nos mirase en vivo, real.
Esther Tasso: Bien real, parece que Él estuviera ahí.
Claudia Rodrígues: Y yo la primera vez que lo he mirado, yo he sentido una sensación muy fuerte, energética, corporal-física, lo he sentido y para mí ha sido una comunicación directa —digamos— porque ellos saben de nuestro encuentro aquí, ellos le juntan también aquí. No solo Él, como nuestros guías, nuestros entes queridos, hay personas que vienen hasta nosotros y nosotros podemos sentir sus frecuencias, sus energías, de acuerdo con la sensibilidad de cada uno. Pero la primera vez que lo he mirado yo lo he sentido, ha sido una sensación tan buena, tan agradable que yo quería tenerlo siempre vibrando, ¿sabes?, te quedas con ganas de pedir nuevamente cuando se va… [hay un corte].
Esther Tasso: Si queremos que Él no se vaya, que Él esté siempre acá.
Enrique del Pino: Puedes creer que en ese entonces nosotros todavía no teníamos este conocimiento como lo tenemos ahora, cuando Él estaba en vida. Y Él nos decía, cuando estábamos reunidos todos, nos decía: ¡Pregunten, pregunten! —decía— porque cuando yo no esté, ¿a quién le van a preguntar?
Esther Tasso: ¡Y quien les va a responder!
Enrique del Pino: ¿Y quién les va a responder? Y puedes creer que en ese momento no teníamos nada en la mente, no sabíamos qué preguntar, porque no teníamos ese conocimiento. Habrá sido nuestra prueba para todos. Pero ahora tenemos un cerro de preguntas para hacerle. Pero bueno, fueron las experiencias de ese tiempo y de ese momento que se vivieron. Pero así nos decía, pregunten, pregunten, pregunten, que cuando yo no esté ¿a quien le van a preguntar?
Esther Tasso: También eso es como una prueba, porque cuando estudiamos la divina escritura —que ya hay libros—, vemos algo que nos quedamos en la pregunta, pero cuando seguimos leyendo encontramos la respuesta.
Claudia: Sí, es verdad.
Esther Tasso: Sí, se va encontrando la respuesta conforme vamos leyendo. Es maravilloso en realidad, es muy maravilloso el Padre Eterno porque esto es viviente, el conocimiento es viviente. Entonces, se transforma, al momento que nosotros estudiamos es como que le estamos pidiendo al Padre, y el Padre nos da la respuesta en su divina escritura, en realidad que es muy maravilloso.
Enrique del Pino: Y nos decía que el problema en la criatura de que no entre al reino de los cielos generalmente es por el sistema de vida. El sistema de vida que escogió el ser humano lo aleja enormemente del reino de los cielos, lo aleja de Dios, y todos los que están contentos con el sistema de vida —decía— van a volver a mundos donde van a seguir viviendo lo mismo, seguirán y seguirán, irán a mundos quizás peores que estos, depende del comportamiento que haya tenido cada criatura o cada espíritu. A tal punto va a ser de que va a ir a mundos que incluso lo van a esclavizar, entonces decía que todo estaba en la mente.
Esther Tasso: Y que entraba en un aburrimiento —el espíritu— de repetir lo mismo, lo mismo. Se abre él y recién le pide al Eterno salir de eso. Entonces, el Padre ahí, cuando el hijo pide, el Padre te da la oportunidad. Entonces ya pasas a otra etapa.
Enrique del Pino: Y decía que el conocimiento, las experiencias, no tiene principio ni fin, nunca se acaba de aprender, lo de Dios es infinito. Muy bonito es, muy maravilloso cuando uno se compenetra en este conocimiento.
[Agradecimiento de la entrevistadora en español y portugués y fin de la entrevista].