Entrevista a Jorge Gárate Espinoza

Arica, 30 de julio del 2000

Por José Goicochea (Perú)

—José Goicochea: Buenos días hermano, ¿nos podría decir su nombre completo?

Jorge Gárate Espinoza.

—¿Cómo fue que conoció a Luis Antonio Soto Romero, el Cordero de Dios?

Jorge Gárate: Lo conocí ya hace años, era amigo de mi papá, de mi padre, y estuvo [ininteligible] acá un tiempo con nosotros.

—¿Cómo se llama su papá?

Jorge Gárate: Manuel Hernán Gárate Gárate.

—¿Qué año fue eso más o menos?

Jorge Gárate: Eso fue en el…

—¿72, por ahí?

Jorge Gárate: Sí, más o menos, por el 72.

—O sea, ¿su padre fue el que lo trajo a la casa, acá?

Jorge Gárate: Claro, él fue. [Ininteligible] llegaron acá. O sea, llegó Él acá después y vino [ininteligible]. Y hacía unas escrituras en una mesa que teníamos…

—¿Usted lo vio escribir?

Jorge Gárate: Sí.

—Nos podría narrar cómo hacía las escrituras.

Jorge Gárate: Conversando con uno y Él escribía como si nada, como si la mano escribiera sola, yo a veces conversando con Él, pero siempre hacía unos dibujos bonitos, preciosos.

—¿Usted tuvo la oportunidad de leer?

Jorge Gárate: Estaba más chico yo, no le tomaba mucha importancia.

—¿Cuántos años tenía usted?

Jorge Gárate: Yo tenía, a ver… como 17 años, 16 años.

—Tengo entendido que usted tenía más hermanos ¿cuántos hermanos en total?

Jorge Gárate: Ocho hermanos. Mis hermanos también lo conocieron. Lo que más nos extrañaba es que cuando uno entra [a la propiedad] los perros empezaban a ladrar. Y Él entraba y a Él los perros no le hacían nada. Era la única persona que entraba que los perros no ladraban, nada, sino que se acercaban y se echaban, se quedaban quietitos.

—¿Algún recuerdo de Él? ¿En qué se desempeñaba aquí en el taller? ¿Qué les ayudaba cuando Él se quedaba acá con ustedes?

Jorge Gárate: Pues nada, nos daba una tranquilidad. O sea, como que conversábamos un rato con Él y ya nos renovabamos, ya con ganas de seguir trabajando. Como que llegaban al fondo cuando conversaba, las palabras llegaban.

—¿Habló sobre el futuro?

Jorge Gárate: Sí. Hablaba siempre de Alfa y Omega, el principio y el fin, del Cordero, un Cordero de Plata que tenía, siempre andaba trayendo. Nos decía que… Él siempre lo llevaba, que era algo que siempre [ininteligible], el Corderito de Plata que llevaba en el lado izquierdo. Eso es lo que más yo recuerdo.

—Y cuándo aproximadamente dejó su hogar, su casa, cuándo se fue Él, ¿hacia dónde se fue, no le dijo?

Jorge Gárate: No. De repente un día se fue y no supimos más de Él.

—¿Con su maletita?

Jorge Gárate: ¡Claro! Si andaba con su bolsita nomás, nada más. Una chaqueta de mezclilla y blue jean.

—Hay una historia que nos contaron, no sé si usted o alguno de sus hermanos narró que cuando… Él les dijo que iba a regresar. Parece que uno de sus hermanos [ininteligible] que iba a regresar y que no lo iban a reconocer y los iba a llamar por sus nombres. ¿No sé si usted recuerda algo?

Jorge Gárate: No, no recuerdo porque yo no he vivido acá con mis hermanos. He trabajado afuera, he viajado por otras partes. A los pocos años he venido.

—¿No recuerda más usted de Luis Soto?

Jorge Gárate: No, más no recuerdo, nada más porque yo pasaba poco tiempo acá y después me iba porque trabajaba afuera.

—Pero sus hermanos, los demás, seguramente han estado más tiempo con Él.

Jorge Gárate: Sí, más. Ellos han compartido más con Él.

—Le agradecemos de todas maneras por su atención y ojalá que para otra vez de repente podamos conversar con sus demás hermanos,

Claro.

—Muchas gracias y gracias por todo.

Jorge Gárate: De nada.