
CIENCIA CELESTE PERÚ
1986-6 / Cumpleaños del divino Maestro 6 – Ricardo Flores, Susana Rosas, Carmen Tasso
Chorrillos, 27 de noviembre de 1986
(Perú)
[Continuación 6]
—Ricardo Flores: …como turista, y el 16 de setiembre, o sea, 6 días después de que… Mejor dicho, el 12 de setiembre, le renuevan el pasaporte solo por 4 días más. O sea, que el 16 de setiembre del 75 tenía que abandonar Lima. Nuevamente se siguen gestiones, y el vencimiento, que era del 16 de setiembre, se logra que se le renueve un año. Nuevamente, ya antes de los momentos antes de desencarnar nuestro divino Redentor, logramos renovarle su pasaporte del 24 de julio de 1978 hasta el 24 de julio de 1979. Para que la permanencia de nuestro divino Redentor se hiciera posible en Lima, nuestro divino Redentor firmó una solicitud que está en la página donde Él se dirige al director general de Migraciones y que lleva fecha del 27 de noviembre de 1975 para los […] técnico especialista en fabricación de quesos. Ustedes pueden leer el contrato de trabajo en que firmo yo, que esta es mi firma, en representación de Distribuidora Interurbana, y la firma de nuestro divino Cordero de Dios a su lado. Con este documento iniciamos el trámite para la visa que posteriormente conseguimos ya de un año. Después se siguieron una serie de trámites legales. Al otro lado pueden ver ustedes el abogado de la empresa, que yo manejaba, se encargaba de hacer los trámites para poder conseguir la renovación de la visa, y eso lo pueden ver en la carta que se lleva, fecha 23 de julio de 1976. Posteriormente, ese contrato es observado porque nuestro divino Redentor realmente no era pues especialista fabricante de quesos, entonces nos pidió Migración que acreditáramos, con documentos, su título profesional y sus experiencias para poder dar el pase, y pedían también el ordenamiento de su pasaporte. Nosotros el ordenamiento lo teníamos al día, pero no podíamos presentar el documento como profesional en la fabricación de quesos y argüimos otros factores, como son acá, como se puede desprender de este documento, en que nosotros le decimos, que en cuanto al título de técnico que se solicita, se ha presentado, este no obra en nuestro poder ni en del señor Soto, toda vez que los conocimientos de la fabricación de derivados lácteos, la ha adquirido en base a una amplia praxis, en plantas de su país, y por nuestra parte, y en su oportunidad, le hemos tomado una prueba, la misma que satisfizo ampliamente, nuestras expectativas […] nosotros seguimos insistiendo ante Migraciones para que se le otorgue definitivamente la visa de permanencia, porque mi afán era que nuestro divino Redentor se quedara definitivamente en esta capital. Y así, luego después cae enfermo, cuando ya tenía la visa, y viene, el día que menos pensábamos, cuando pensábamos que al día siguiente se iba a sentir mejor, desencarnó de un momento a otro. Y sus restos se encuentran depositados en el cementerio El Ángel, y acá está la partida de defunción. Hermanos, ustedes pueden leer, ya después, con detenimiento toda la documentación, y tienen ustedes ya, como informarse a cabalidad, un concepto de cómo es que llegó nuestro divino Maestro, cómo estuvo en esta capital, cómo se hizo para que pudiera permanecer y cómo terminó dejándonos llenos de pesar, cuando el día que menos pensábamos, desencarnó y fue a unirse con nuestro divino Padre. Estos son documentos, porque como ha dicho nuestra hermana Susana, cuando nuestro divino Redentor me preguntó, aquella noche, no había más personas presentes que el que habla, nuestro divino Redentor, la hermana [Olinda] Córdova y el hermano [Antonio] Córdova. No existía otros hermanos más presentes. Entonces, el testimonio que ha dado la hermana Susana, no tengo porque cambiarlo, es justamente lo que yo escuché y lo que yo repetí, porque ustedes saben que el Universo Expansivo Pensante de nuestro divino Padre todo queda registrado.
—Hermano: ¿La hermana Carmen también ha estado ese día cuando el hermano Luis le dejó los rollos?
—Ricardo Flores: No, hermano. Yo he referido siempre todas mis experiencias a todos los hermanos que en esos momentos asistíamos a la casa del hermano Córdova. Yo jamás me he retenido experiencia alguna, sin haber sido comunicado en su oportunidad todas las experiencias que he vivido a lado de nuestro divino Cordero de Dios. Posiblemente los hermanos, todos saben, así como la hermana Susana. La hermana Susana ha vivido muy cerca de nuestro divino Redentor, y el que habla, hemos caminado juntos noches de noches, hemos vivido experiencias, nuestro divino Redentor ha estado en todo Lima, donde ustedes menos se imaginan, y en la televisión solar se verá cual era el lugar donde en el auto donde Él viajaba y cuál era el lugar donde la hermana Susana viajaba. Íbamos los tres, yo lo recogía casi diariamente todos los días, con excepción del día sábado, a las 7 en punto de la noche de la casa de los hermanos Córdova. A veces la hermana Susana nos acompañaba, a veces no podía, pero sí, cuando menos, nuestro divino Cordero de Dios, y el que habla, salíamos de la casa de los hermanos Córdova, nos dirigíamos al Tambo, ustedes conocen, en la Avenida Arequipa el Tambo, en la Avenida Arequipa había un mozo, se apellidaba Velásquez, y nuestro divino Redentor lo quería mucho porque le servían las ensaladas que a Él le gustaban. Al Él le gustaba una ensalada de lechuga con mucho tomate, y sobre todo con cebolla fresquecita y recién cortada encima. Ese era el potaje más apreciado por nuestro divino Redentor, lo mismo que la sopa a la criolla, porque variaba. Y entonces yo le decía: Hermanito, ¿qué desea usted servirse?, y Él decía: A ver, a ver, a ver, a ver, a ver… ¡Ah!, una ensalada. Porque se sabe que era como un niño, era muy amoroso, muy… No existen palabras para que yo pueda describir cómo era el comportamiento de nuestro divino Redentor y cuál era su infinito amor que nos trasladaba en cada una de sus palabras. Cuando se sentaba adelante, yo me detenía en el Tambo, y ya venía Velásquez y le decía: Ve-las-que todo es mentira.
[Risas]

El Tambo, restaurante de comida rápida donde solía asistir el divino Maestro. (Crédito: JBA)
—Ricardo Flores: O sea, le cantaba: Ve-las-que todo es mentira.
—Hermano: Puede haber un mensaje…
—Ricardo Flores: Entonces, este hermano le traía una fuente hermosa de ensalada, la comía, no dejaba un pedacito. La ensalada se preparaba —como le digo—, lechuga, tomate, gran cantidad de cebolla fresca, fuertísima, y a veces un poquito de limón. Otro día le apetecía tomar sopa a la criolla que ustedes conocen, es la sopa de fideos con huevo, con leche y le servían un tazón muy bonito. Velásquez se especializaba en atenderlo. Hay días que tomaba café con leche, sanguches, y ahí nosotros, junto con Él, conversábamos, nos enseñaba. Y yo tenía siempre una libreta donde le hacía preguntas y Él me respondía y me decía: El divino Padre Jehová dice que tome nota. Y yo tomaba nota. Me definía lo que yo pedía, que me aclarase. Y así, hermanos…

El hermano Ricardo Flores muestra la libreta de notas (Crédito: Luis Suárez)
—Hermano: Quería preguntarle sobre [ininteligible].
—Ricardo Flores: Muy bien. Les voy a contar también lo siguiente: Mi padre vivía en Pacasmayo, en el departamento de la Libertad, y había sido desahuciado por los médicos viniéndose acá a Lima. Yo vivo en el séptimo piso, en un edificio, y mi papá no podía dar ni un paso, porque si lo daba ahí quedaba. Nos subimos a donde yo vivo y después de que lo instalamos yo estaba muy preocupado, y fui aquella noche donde nuestro divino Redentor y me vio preocupado y me dice: ¿Qué pasa hermano?, hermanito, ¿qué pasa? Y le digo: Sabe qué hermanito, mi papá ha llegado muy mal, está muy mal y estoy preocupado por él. ¡Ah! —me dijo—. Nada más, no me dijo otra cosa. Al día siguiente a mi papá lo internamos a la clínica Javier Prado, los médicos empezaron, como ustedes saben, análisis, radiografías y 50 mil cosas. Y en la noche del día siguiente regresé a donde nuestro divino Redentor y me dice: Hermano, ¿y cómo sigue su papá? Le digo: Sigue igual, está internado en la clínica. Me dice: Hermano, el divino Padre le ha concedido a su papá una nueva oportunidad, y esa oportunidad —me dijo— él se la ha ganado. Le agradecí. Después, al día siguiente, fui a la clínica y yo veía una —sobre la cabecera donde se encontraba mi papá—, una vibración, pero poderosísima, y empezaron los análisis los médicos terminaron diciendo que se fuera a su casa porque no tenía nada, o sea…
[Risas]
—Hermano: Tanto análisis para que a las finales: A su casa.
—Susana Rosas: Sí hermanos, resulta que el hermano Ricardo, su papá, estaba enfermo y él bien preocupado. Entonces ahí en la clínica cobraban bien caro, entonces, yo le dije: Hermano Luis, me imagino que el hermanito está gastando bastante plata, y, ¿cómo será hermano? Preocupado, ahí conversando, mientras [ininteligible] hermano Ricardo. Ah, ya. Entonces Él le preguntó, esa misma noche: Hermanito, ¿y qué dice su papa? Entonces, él le dijo así. Ese mismo día su padre, su papá, sanó, se curó.
—Ricardo Flores: Retiré a mi papá. No había leído las escrituras, hasta ese instante. Pero sí le referí todo lo que había sucedido y que esa era una nueva oportunidad que nuestro divino Padre le daba. Le obsequié una Biblia, mi padre se regresó al norte sano, alegre, contento, feliz, joven, y vivió el nuevo plazo que le dio nuestro Padre. Durante el tiempo, antes de que falleciera mi papá, todos los días leía la Biblia, y el día que falleció quedó un papel, señalaba hasta dónde había llegado. Fue algo curioso, yo me trasladé de Lima a Pacasmayo para asistir al sepelio y donde estaba el ataúd había una cruz que todos la veían, una cruz que caminaba, y que cuando se puso en el centro del cadáver fue justamente la hora de llevarlo al cementerio. Así, hermanos, si empiezo a contar todas las experiencias que he vivido con nuestro divino Redentor, ya les expliqué que el tiempo sería muy corto. Les voy a contar así otra cosa muy especial. En nuestra imperfección, con la hermana Susana, un día, estábamos con nuestro divino Redentor en el malecón de Chorrillos, donde está nuestra amorosísima y divina Madre Solar Omega Reina de la Gloria, en el Morro solar. La hermana conversaba con nuestro divino Redentor y yo sentí algo que me hizo voltear, cuando volteo, veo en el firmamento, que se desenrollaba un rollo inmenso a nivel de macro. ¡Bufff! Bajaba un rollo. Yo me quedé impactado, nunca había visto en mi vida nada de estas cosas, y entonces me dirijo a la hermana Susana y al divino Maestro y le digo: Hermanito, me ha impactado una cosa, he visto en el firmamento que algo que se desenrollaba y que se venía al suelo. ¡Qué bien, hermano! Nada más, no me explicó ni la razón ni porqué, son nuestras propias experiencias. Otro día veníamos con la hermana Susana —también creo que estaba la hermana Flora y la hermana Olga—, nos dirigíamos por la Vía Expresa a dejarla… No estaba la hermana, ¿no?
—Susana Rosas: Veníamos del malecón.
Sí, veníamos, pero no estaba la hermana Olga todavía ahí, ¿no?, nos veníamos los tres. Cuando en eso yo veo que del cielo venían unas bolas de fuego, unos pedrones, pero enormes, y que se dirigían a estrellarse a la Avenida Angamos, ahí en Paseo de la República, y yo le decía: ¡Hermanito!… se viene! Se venía pues tremendas piedras de fuego, enormes, enormes piedras, a donde cae, qué carro va a soportar un pedrón de esos…
[Ininteligible]
—Ricardo Flores: Yo manejaba…
—Hermano: ¡Frenó!
—Ricardo Flores: No, yo no frené…
—Hermano: Siguió de largo.
[Ininteligible]
—Ricardo Flores: No, no, no… yo le refería a nuestro divino Redentor lo que veía. ¡Y viene, y viene, y viene! Pero yo seguía manejando, porque felizmente no venía contra nosotros, si no se iba más allá, al otro lado de la Vía Expresa… Ustedes ven que en la Avenida Angamos hay un puente, en el lado de allá hay árboles, y en el lado de acá, [Avenida] Primavera, ya no hay árboles, y yo dije estas piedras no van a dejar ningún [ininteligible] porque son tan grandes y candentes, no va a quedar nada. Pero cuál fue mi sorpresa, que, al llegar justo a la altura de las ramas de los árboles, se desaparecieron las piedras, no hubo nada, no pasó nada, ni cayeron al suelo, ni quemaron los árboles, ni partieron a nadie, ni hubo nada. Nuestro divino Maestro nos miraba nomás. Así es, hermanos, no decía nada [risas].

Visión de piedras de fuego vistos por el hermano Ricardo Flores Herrera
—Hermano: ¿Pero usted no le preguntaba? O sea que quedaba así, prácticamente sorprendido.
—Ricardo Flores: Mire, hemos vivido tantas sorpresas, hermano…
—Hermano: Puras sorpresas nomás.
—Hermano: Cuente otra sorpresa, hermano.
[Risas]
—Ricardo Flores: Después, por ejemplo, seguimos. Salíamos con nuestro divino Redentor y a Él le gustaba, después de que comíamos nos dirigíamos a la playa y bajábamos por donde está el helipuerto en San Isidro. ¿Conocen ahí, donde está la Avenida del Ejército, el helipuerto, donde está el Mercado Productores? Antes no estaba la bajada que hay en Magdalena. Entonces, por ahí bajábamos siempre y tomábamos toda la Costa Verde y seguíamos hasta Chorrillos, porque a Él le agradaba mucho Chorrillos. Entonces, cuando dábamos la curva, veíamos tremendos platillos que excitaban la vista. Y lo veíamos ahí, yo tomaba la curva y me dirigían a Chorrillos, cuando estábamos llegando a Chorrillos resulta que los platillos estaban allá, y los empezaba a buscar por acá, ya no existían. Entonces yo decía: Hermanito, pero ¿y el platillo que estaba allá? —No sé hermano—. ¿Y por acá?… No sé —me dice— deben ser otros platillos…
[Risas]
—Ricardo Flores: Así que… y se acercaban. Un día, con la hermana Susana nos detuvimos frente a ese club de Miraflores que está junto al mar, donde está hoy día la Rosa Nautica, allá hay un club… ¿Regatas es ese? No, no, Regatas no es, es otro club que hay allí en la bajada de Miraflores, donde está la Rosa Nautica…
—Hermano: Lawn Tennis?
—Ricardo Flores: Sí. Lawn Tennis, algo así. Entonces ese día se nos ocurrió… Nunca bajábamos, pero siempre pasábamos. Ese día se nos ocurrió bajar porque el mar había linda luna y la arena era limpiecita y bajamos los tres, nuestro divino Redentor, la hermana Susana y yo. Estábamos ahí, cuando de repente por nuestra cabeza pasa un platillo… Pero así, sería 20 metros, 30 metros, con luces de colores, y nosotros nos quedamos… ¿Y qué será esto? Y después [ininteligible] una cosa otra cosa [ininteligible] pasa sobre la cabeza. A veces nos parábamos en la orilla del mar, y al fondo… Le decía: Hermanito, yo veo unas cosas como [ininteligible] que se levantan ¿y qué cosa es? ¿Está viendo? —me dice el hermano— ¿a dónde están? ¡Allá! ¡Ah!, —me dice— son los querubines de las aguas del mar… Se levantaban, pero en el fondo del mar, saludaban a nuestro divino Redentor. Además, los querubines de las aguas del mar salían con la playa también, en las olas, se daban volantines, gozaban, divertían…
—Hermano: [Ininteligible]
—Ricardo Flores: Esta serie de experiencias, hermanos. Después, les podemos contar cuando desencarnó nuestro divino Redentor yo quedé totalmente, realmente desecho, porque mi costumbre era estar todos los días con Él. Y ustedes saben que, todos los días, después de tres años de vivir 3 años diariamente, ya no estar, sentía una soledad, sentía una profunda pena. Un día, dentro del tercer día, yo venía de trabajar y tomé el ascensor para subir a mi casa, y al tomar el ascensor empezó a subir. Yo vivo en el séptimo piso, cuando en eso veo la cara de nuestro divino Redentor, pero con unos ojos azules, de un azul que nunca he visto jamás en mi vida, y se me acercaba su cara así, se me acercaba, se me acercaba tanto que ya me dio miedo, y en el momento en que ya reaccioné, así, porque no sabía, pensaba que se me venía, entonces se borró la imagen. Yo todo eso se los he relatado a los hermanos, los hermanos que estaban en esos momentos conocen. Después, cuando sepultamos a nuestro divino Redentor, la misma tarde, había un hermano que caminaba siempre con nosotros que es el hermano Humberto Fonseca, a quien la hermana Susana conoce. Entonces, después de haber terminado con la sepultura nos dirigimos a volver a trabajar, y dentro del cuales entramos al restaurante Rovegno en San Isidro, que queda —que quedaba, porque ya se ha cambiado—, frente al Banco Mercantil. Nosotros teníamos sed porque habíamos venido del sol, del cementerio, entonces empezamos a tomar una gaseosa, cuando estábamos tomando la gaseosa, el hermano Fonseca tenía doble facultad, ver y comunicarse telepáticamente. Quiero hacer un paréntesis, el hermano Fonseca no reconoció a nuestro divino Cordero de Dios.
—Hermano: Su conocimiento que él tenía [ininteligible], o sea, el don, que él tenía, entonces, hacía que [ininteligible] ¿por decir así?
—Ricardo Flores: No, hermano.
—Hermano: Una pregunta: Cuando el hermano Luis Soto Romero, nuestro divino Maestro estuvo en el hospital [ininteligible] cuando le pasaron una radiografía, no sé… en la radiología dice que su tórax era en forma triangular, no cilíndrica como lo tenemos nosotros.
—Ricardo Flores: También la hermana Carmen que conoce más, porque ella está en su profesión, puede ver que los electrocardiogramas eran una línea, no tenía el zigzagueo…
—Hermano: Había equilibrio entonces, no había desequilibrio como nosotros.
—Ricardo Flores: Los médicos no se podían explicar, no pudieron explicarlo.
—Hermano: Los médicos lo encontraban muerto [ininteligible] ¿en la radiografía?
—Ricardo Flores: Eso no puedo decir.
—Hermano: El hermano estaba en el hospital [ininteligible].
—Ricardo Flores: No sé si la guarden, no sé. La hermana Carmen puede decirnos más. Ella es la que operaba como enfermera.
—Hermano: El paréntesis quedamos en el hermano Fonseca.
—Carmen Tasso: Bueno hermanitos, creo que en cuanto a esta experiencia yo no la sabido participar anteriormente, ¿o sí?, a algunos hermanos. Por la radiografía del hermanito Luis, la que tomaron, primeramente, fue en un médico particular. La radiografía que tomó este hermano, yo no estuve presente ahí, solamente fue la hermana Olinda, el hermano Antonio, y no recuerdo si alguien más fue. Entonces, ellos refirieron que cuando le tomaron en el consultorio particular de este médico, se sorprendieron porque la línea era una línea solar [horizontal], nada más. Entonces yo le pregunté al hermanito: Hermanito dice… Yo también sorprendida, porque según las otras [líneas], la línea solar cuando sale es muerte para nosotros los humanos. Entonces, yo le pregunté: Hermanito, ¿dicen los hermanos que su electrocardiograma era solo una línea? Sí, hermana —me dijo— esa es la línea solar. Así nomás. Pero posteriormente, cuando fuimos al hospital de Cayetano, le tomaron otras radiografías, pero ahí (…) con zigzagueo, en el hospital de Cayetano.
—Hermano: Sí, pero es otra pregunta. En la radiografía, en la placa que sacó, dicen que el tórax no era cilíndrico, sino en forma triangular, el tórax.
—Carmen Tasso: Hermanito, en cuanto a eso yo no sé, porque… Es decir, no sé cómo los hermanos Córdova habrán… ellos no vieron, ellos no vieron en la radiografía del tórax del hermanito, pero sí, cuando le tomaron la radiografía ahí en el hospital Cayetano, que yo estaba asistiéndolo, yo no sabía leer las radiografías en ese entonces, pero sí vi que los médicos estaban muy impresionados con la radiografía del hermanito Luis, lo pusieron en el negatoscopio y llamaron a una junta de médicos, porque así nomás no se hacía, no se hace… Es bien difícil que hagan junta de médicos, solamente en un caso muy especial. Hicieron una junta de todos los especialistas y llamaron y pusieron la radiografía ahí, pero lo que yo notaba era que ellos no hablaban fuerte, hablaban despacito y entre ellos nomás. O sea, yo estaba ahí, no querían que yo escuchara. Entonces algo escuché por ahí, así, disimuladamente escuché: Pero, ¿qué?, esto no parece normal, no parece de un ser humano —decían—. Pero eso, yo, que me recuerde, nunca les conté a los hermanos Córdova, ellos no estaban presentes porque ahí no entraba nadie, solamente yo, y nadie más. Yo nunca les conté esto a ellos, no se ellos cómo habrán llegado a saber sobre esto, o es que ellos se imaginaron, o cómo así llegaron a esa conclusión. Pero resulta que yo me quedé bastante impresionada también, y curiosa. Entonces yo fui a querer sacar —a los pocos días— fui a querer sacar la radiografía de la historia del divino hermanito, porque yo lo tenía a la mano, nadie más, porque estaba muy curiosa por saber sobre eso y consultar con otras personas, porque me di cuenta de que los médicos no querían que me entere, que se enteraran otras personas. Entonces, cuando fui a buscar la radiografía, no la encontré, no estaba en la historia del hermanito. Y yo me di cuenta de que, creo que los médicos la guardaron. No dieron más razón y nunca la entregaron, nunca la pude localizar, siempre iba a buscar la historia del hermanito, sacar del archivo para ver si estaba, no estaba la radiografía. Eso es todo lo que les tengo que decir en cuanto a eso.
—Hermano: Hermana… llegaron a ocultarlo…
—Carmen Tasso: Parece que los médicos lo ocultaron. Porque ellos querían, parece que querían estudiar esa constitución del hermanito. Y ellos se lo llevaron, y como sabían que yo dije que era un familiar mío —porque lo llevé como un familiar mío—, entonces parece que ellos no querían que yo me enterara, y nadie que estaba ahí. Eso es lo que yo no sé.
—Hermano: Hermanita, nunca trató de averiguar [ininteligible].
—Carmen Tasso: Sí, sí, por eso, yo les preguntaba a ellos: No, no. No me querían decir nada, evadían o me decían cualquier otra cosa.

La hermana Carmen Tasso cuando laboraba en el hospital Cayetano Heredia, Lima, Perú
—Hermano: Hermanito Ricardo, usted cuando estuvo con el divino Maestro… según versiones, de que el divino Maestro a usted le ha entregado varios rollos, y eso son como minirollos. ¿Y esos rollos son idénticos a los de Lince que tiene?
[Fin de la grabación]